Hechos y opiniones del Teletón

Este año hubo mucho ruido alrededor del Teletón, este esfuerzo inspirado en una transmisión televisiva y radiofónica de Chile, a través de la cual durante más de 24 horas, se intenta recaudar dinero para ayudar a personas con discapacidad. Desde 1997, el primer fin de semana de diciembre, se convoca a varios medios de comunicación, a varias figuras del espectáculo y gente querida por el público para solicitar donativos e invitar a la solidaridad con los que viven alguna desventaja.
Así participaron personajes tan diferentes y apreciados como German Dehesa, Pedro Ferriz, Lucero, Marco Regil, Chabelo, Alecs Syntec y muchos otros que apoyaban en el desarrollo del programa y acompañaban a Fernando Landero en este proyecto. En teoría, ninguna celebridad cobraba por su participación.
La causa es noble y, al parecer, ha sido bien administrada. También ha sido un empeño aderezado con la parafernalia del mundo del espectáculo y con las técnicas comerciales con las que se difunde un artículo. Hay publicidad en medios, jingles pegajosos, canciones temáticas, logotipo, slogan e imágenes que nos muestran a niños que padecen una discapacidad. Es decir, todo un plan estratégico, bien orquestado, con el fin de llegar a una meta. Cabe señalar que siempre se han excedido las metas. Michael Porter estaría orgulloso de ver lo excelentemente bien implementada que ha sido su teoría.
El Teletón es también una estrategia fiscal que ayuda a las empresas a pagar menos impuestos. No hay nada de criticable en ello.Cada empresa grande que tiene una fundación, además de el verdadero llamado a ayudar, tiene el beneficio de la deducción de impuestos. Hasta ahí, pareciera que todo marcha bien y que es un planteamiento en el que todos ganan. Ganan los beneficiarios del plan de ayuda, gana la empresa que paga menos y hay una obra buena que está funcionando. Si uno compara un centro de rehabilitación operado por Teletón y uno del ISSSTE o del IMSS, de inmediato nota la diferencia.
Lo curioso es el manejo mediático que se da sobre el evento, sobretodo en los últimos años. Pareciera que el Gran Tlatoani desciende al terreno de los mortales para entregar dádivas y recibir ovaciones. Se olvidó que los donantes no son únicamente las empresas, los donativos fuertes llegan de aquellos que dieron un peso o dos, pero que al ser muchos agregan volumen. Es el gran público el que detona ese efecto multiplicador que da millones de pesos al Teletón.
Eso, y además el uso que se da de la imagen de los discapacitados como un gran chantaje que toca el corazón. Hasta la ONU opina mal al respecto. Y, por si fuera poco, gobiernos estatales donando a la causa de una empresa particular, ya entramos en una fase de locura.
Por eso, cuando veo que personajes como Joaquín López Dóriga pide dinero para que lo depositen a su nombre y se sume, bajo su paraguas una cantidad que se agregará al total del Teletón, me parece que la cosa se desvirtúa. Ya no es una estrategia fiscal empresarial, también le sirve a una persona que cómo yo tiene que pagar impuestos. Él deduce ¿y los demás? Es entonces cuando se pervierte el fin. Las sospechas se multiplican. ¿Qué necesidad?
No se trata de que una actriz caída en desgracia quiera desvirtuar un evento del que ella fue imagen. A mí me parece que ella tiene su propia agenda y sus palabras son irrelevantes después de dieciséis años que estuvo ahí metida. ¿A poco apenas se dio cuenta? No. No se trata de las palabras de Lucero.
El Teletón pasó muchos trabajos para llegar a la meta. Se manchó su imagen a lo tonto. Las empresas debieron aceptar que el programa es una estrategia fiscal y muchos estaríamos felices de aportar a construir centros de rehabilitación que a pagar aguinaldos millonarios a legisladores que se duermen en su curul. Jamás se debió permitir que personas físicas pidieran depósitos para luego depositar al Teletón, ¿para qué intermediarios? Después de niño ahogado quieren mandar campañas desesperadas de transparencia, convocar a figuras como Derbez, pero el tepache ya lo habían regado.
Al haber tratado al Teletón como un producto de mercado lo sometieron al ciclo de vida que cada artículo de mercado tiene. Ya pasó la etapa de crecimiento, ya se vivió la madurez y el proyecto está entrando en su etapa de declinación. Para revivir un producto, es necesario cambiar de estrategia. Seguramente, si no quieren que Teletón muera, tendrán que cambiar. Especialmente, aquello que molesta a sus principales donadores. Ya estamos muy hartos de gente que da caravana con sombreo ajeno. Especialmente, si el sombrero lo pagan otros.

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