En el segundo año de gobierno

Por lo general, los aniversarios son motivos de festejo y en México más. Hasta los aniversarios luctuosos nos sirven de pretexto para hacer fiesta. Con mayor razón si se trata de la conmemoración de un político en el poder y el acento se hace más grande si éste es priista. Lo curioso es que en el segundo año de gobierno del presidente Peña ahora sí no nos alcanzaron las ganas ni los pretextos para festejar.
A dos años de gobierno peñista el clamor popular es un reclamo de justicia. No es poca cosa. Los mexicanos se expresan hartos de tanta desiguladad y de tanta impunidad. Es legítimo estar cansados de ver como los salarios pierden valor adquisitivo y como los impuestos suben; ver como encontrar trabajo es tan fácil como toparse con la fuente de la eterna juventud y como los servicios del Estado van de lo malo a lo peor. ¿Cómo no enfadarse ante la realidad de una tierra convertida en tumba clandestina? La desesperación de la gente en pobreza alimentaria, es decir, con hambre, y de los que padecen pobreza salarial, o sea, los que no ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades, va creciendo. La efervescencia que se siente a dos años del regreso del PRI da miedo.
Enrique Peña Nieto prometió mucho y cumplió. Logró reformas impensables y la alineación de los partidos a un proyecto de un México mejor. No fue poca cosa, hay que decirlo, pero no fue suficiente. No basta con la entrada de capitales extranjeros si sus beneficios no llegan a las bases de la sociedad. No bastan reformas de Estado si las carencias de los necesitados no se resuelven y si las acciones de Gobierno sirven para aumentar en vez de disminuir la brecha entre los que tienen mucho y los que no tienen nada.
El problema es que somos los eternos Moiseses que ven desde lejos la Tierra Prometida y nunca alcanzamos a llegar a ella. Por si fuera poco, la familia del Presidente contribuye al espectáculo dando la nota con casa millonarias, zapatos hiper caros, viajes y declaraciones frívolas. ¡Claro que no está mal que ellos gocen de privilegios! Si y sólo si ellos los pagan. Lo que está mal es la ostentación y, en una de esas, el encubrimiento de dinero mal habido.
Sin embargo, esas voces que claman por la salida de Peña son incongruentes. El presidente, nos guste o no, llegó a donde está por la vía democrática. Está difícil que él aparezca a los normalistas de Ayotzinapa, está claro que no sabe donde están, no fue él quien los mandó matar. En todo caso, las voces deberían reclamar a los que llevaron a semejantes personajes al poder, pero eso no se oye y me hace sospechar.
A dos años del gobierno peñista no hay muchos motivos de festejo. Las promesas, aunque se cumplieron, no se han transformado en felicidad ni beneficio para los mexicanos. Es necesario ponerse a trabajar en ello. Así, tal vez, encontraremos motivos para celebrar.

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