Justos por pecadores

Me entero que la mayoría de los que fueron detenidos a raíz de los actos vandálicos que sufrió la Puerta Mariana de Palacio Nacional ya salieron libres, es probable que a estas alturas ya nadie esté detenido. También descubro que hoy, después de diecisiete años de estar presos fueron liberados los últimos dos detenidos en la matanza de Acteal.
En ambos casos estamos hablando de hechos oprobiosos, en el primer caso se trata de hechos vandálicos consumados en contra del Patrimonio Nacional y en el otro de una matanza en la que se ejecutó a gente que estaba en una capilla haciendo oración.
La maldad del ser humano se manifiesta en formas atroces. No queremos que esos actos se repitan y para ello es preciso que los culpables paguen por sus fechorías. Pero en el caso del Palacio Nacional y en el de Acteal todo sucedió mientras las autoridades estaban dormidas, pasmadas, distraídas, mirando a otro lado o fingiendo demencia. En las dos ocasiones, los responsables de resguardar la seguridad, es decir, la autoridad, brilló por su ausencia, pecó de omisión y luego hizo lo que no se debe, obligó a pagar a justos por pecadores.
Para lavarse las manos y tapar su incompetencia, agarraron al primer incauto que se dejó y le cargaron las faltas que no cometió. ¿Así queremos combatir el mal? Mientras un inocente sufre, los culpables siguen libres, muertos de risa, listos para hacer otro desmán, para seguir haciendo maldades. ¿Y, cómo no? La impunidad los ampara.
¡Despierten, señores! Tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. Si siguen encerrando a inocentes, son ustedes los que fallan dos veces. Primero, por que no pueden prevenir la maldad y luego por que no saben hacerse responsables y buscan quien pague el pato. Doble injusticia comete el que abona a la impunidad. Triple el que acusa a un inocente y cree que todo se arregla así. No.
Lo peor es que al hacer eso, no se están protegiendo. Están quedando expuestos y nos están dejando vulnerables. ¿No es esa una falta que debería recibir castigo? A esos que mienten por salvar el pellejo, a esos que traicionan descaradamente, a los que le roban años de vida a gente sin culpa, a esos les debería caer el peso de la Ley.

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Invitación

Espero que me puedan acompañar.

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En desacuerdo

Qué fácil es lucrar con el dolor genuino. Qué difícil es opinar al respecto. La combinación de una pena legítima con violencia es sumamente peligrosa. Por un lado, quien sufre merece la empatía del mundo, pero quien delinque debe tener un castigo.
No creo que exista en el mundo alguien que no se solidarice con los padres de los chicos de Ayotzinapa. Nadie queremos estar en sus zapatos viviendo esa incertidumbre que oscila entre los extremos de una verdad terrible y una esperanza que cada día parece más tenue. Nadie. Pero alguien tiene que decir que quemando puertas, tomando aeropuertos o bloqueando autopistas no son formas ni se gana nada.
¡Pobres padres! En medio de tanto dolor hay que asistir a reuniones con el Procurador y el Secretario de Gobernación, hay que atender reporteros, hay que elevar la voz y hay que limpiarse las lágrimas. También hay que protegerse, hay que tener el criterio para separar lo que es legítimo y lo que son intereses que sirven a otros fines.
María Luisa Puga, escritora mexicana nacida en Acapulco, que sufrió exilios y dolores, se preguntaba desde otras trincheras pero en circunstancias similares ¿cómo discurrir acerca del dolor sin volverlo una mercancía o una fórmula de intercambio? La pena es un tema de difícil manejo. Debe tratarse con cuidado y con respeto para no ofender.
Elevar los puños, atizar violencia y llevarse en el camino a gente inocente es caer en aquello que se critica. No es el fondo, es la forma. Todos sentimos el oprobio por los 43 desaparecidos, no hay manera de que alguien vea bien el incendio de oficinas, la quema de puertas, las pedradas, la ruptura de vidrios y los ataques vandálicos a negocios de gente que trabaja en forma honesta y da fuentes de empleo a personas que no tienen nada que ver con los hechos que generaron tristeza.
Entre la aflicción y los gritos cada vez más fuertes, percibo además del dolor, una gran confusión. Veo actos anarquistas que no ayudan a avanzar en el esclarecimiento de la verdad. Al contrario. Parece que con todo propósito hay una mano que manipula, que quiere tender una cortina de humo para ocultar al verdadero malvado, que le da escondite al mal.
Por eso, estoy en desacuerdo con tantas barrabasadas y desmanes que sirven para distraer a los que tienen que estar buscando la respuesta de qué pasó con los muchachos normalistas y por qué fueron ellos los receptores de tanta violencia. No hay nadie que nos conteste con claridad qué pasó y que nos explique las razones. Urgen respuestas. Es preciso dejarnos de tonterías y poner atención en donde debemos.
Doble crimen cometen los anarquistas, deben ser castigados por sus fechorías y por distraer a los que se deben concentrar en lo importante: los cuarenta y tres desaparecidos.

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Compras en abonos

Comprar en abonos es algo común. Es el acceso al crédito no bancario por lo tanto es una forma de consumo común entre las personas que no tienen acceso a cubrir los requisitos que solicita una institución formal del sistema financiero.
Un banco solicita requisitos para aperturar un crédito, pide datos, solicita información, verifica la factibilidad y la operabilidad del mismo y se cerciora de que el préstamo tenga garantías de pago.
Las compras en abonos son más sencillas, ni piden tantos requisitos ni solicitan información incómoda ni exigen garantías por que son operaciones directas entre el que vende y el que compra. El cuarenta por ciento de las ventas a crédito en México se llevan a cabo con una transacción en abonos. Así, de a poquitos, se van pagando zapatos, ropa, cosméticos o tal vez una sala, un comedor, un aparato eléctrico.
Por eso cuando escucho que alguien está comprando una casa en abonos, me llama la atención. Pienso que es extraño que se pague así por una propiedad cuando hay otros medios de financiamiento para adquirir propiedades, una hipoteca por ejemplo.
Un crédito hipotecario otorga garantías a quien lo solicita: pacta una tasa conocida por todos, hay un contrato en donde se establecen las condiciones y ayudan a la transparencia de las transacciones. Las compras en abonos tienen tasas variables, plazos distintos y eso se entiende al adquirir de esta forma un par de medias pero ¿una casa? Se ve complicado, aunque no imposible, que alguien compre así una propiedad.
Si la casa está en las Lomas de Chapultepec, una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, todavía resulta más difícil de entender. Como que eso requiere de mayores explicaciones. Que la casa sea blanca es un dato irrelevante, pero que la que paga en abonos sea la Primera Dama de México ya nos obliga a poner atención. Máxime cuando quien vende ha sido beneficiado con muchos negocios en el Estado de México, especialmente en el periodo en el que el actual Presidente era Gobernador.
Peor si al vendedor se le conoce como prestanombres de Enrique Peña Nieto.
Que Angélica Rivera tenga una casa súper elegante y que la haya remodelado es asunto de ella. La señora no es funcionaria pública y por lo tanto no le aplican las leyes de transparencia ni tiene obligación de informar. Ahí, ni hablar. Si la pagó al contado y hace esfuerzos para pagar sus abonos, ese es su problema. Si los esfuerzos los hizo trabajando legítimamente y el dinerito para abonar a su deuda brota del sudor de una labor legal, ella está en su derecho de comprarse lo que quiera de la forma en la que le parezca mejor hacerlo.
Que la riqueza le ofenda a la gente, que no está el horno para bollos, que esa es otra forma escandalosa de agitar el avispero. Sí, pero hay tratados que evidencian la mala distribución de la riqueza, no únicamente en México, si no en el mundo. De eso Angélica Rivera no tiene la culpa. Pero llama la atención la adquisición de la casa.
Aquí está fácil. Cuando la señora regrese de su viaje a China, que nos enseñe sus declaraciones anuales y le demuestre a toda esa bola de envidiosos que ella es millonaria gracias a sus dotes histriónicas y a su fértil carrera artística, que recibió pagos conforme a la ley, que pagó impuestos como debe ser y le tape la boca a todos estos malintencionados y malpensados que dudan de sus posibilidades económicas y creen que todo tiene que ver con movimientos de su marido el Señor Presidente.
Así, de lo único que se le podrá acusar es de no saber elegir adecuadamente un crédito para comprar casa y del mal gusto de que la Primera Dama haga compras en abonos.

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La indignación y el sinsentido

Todos estamos indignados. Si algo nos une hoy a los mexicanos es el dolor de ver tanto acto salvaje y el enojo de escuchar explicaciones a medias, que no convencen porque no terminan de aclarar los hechos.
Eso es una cosa pero usar a los 43 normalistas de Ayotzinapa como pretexto para seguir haciendo salvajadas es un sinsentido. Si nos quejamos y nos enfurece la barbarie, no podemos tolerar conductas bestiales. La impunidad ha llevado a México a convertirse en un territorio propicio para enterrar restos en forma clandestina, al lugar en el que se desaparecen estudiantes y luego los buscamos en basureros. No, eso no está bien.
No está bien ponerse una capucha y en el nombre de los 43 prender fuego a la puerta del Palacio Nacional con bombas molotov. No es correcto envolverse en la bandera de los que buscan a los muchachos y romper vidrios, pintar bardas, robar negocios, tirar vallas, incendiar autobuses, paradas de transporte público , lanzar piedras y botellas y salir caminando airosos, como si no hubiera pasado nada. ¿Y las fuerzas de seguridad?
En el calor de la indignación, llegamos al sinsentido. Cuando algo se escapa de un grado de comprensión, me da por sospechar. ¿A quién le convienen estas expresiones de intolerancia? La desestabilización del país, con independencia del partido en el poder, no nos conviene a nadie, o a muy pocos. Es preciso tener cuidado.
El presidente municipal de Iguala ocupó ese puesto gracias al partido que pensaba llevar a su esposa a ocupar la misma posición, fue el mismo que puso ahí a un Gobernador que durante diez días sólo obstaculizó las investigaciones para encontrar a los muchachos desaparecidos y que gobierna el estado en donde supuestamente los incineraron. ¿Por qué no escucho consignas en contra de los sujetos que le abrieron las puertas de par en par a semejantes animales?
Sin embargo, escucho voces que piden la renuncia de Peña, que juzgan al Procurador y le reclaman al ejercito. ¿Por? Es cierto, ellos tienen que limpiar el cochinero y la suciedad se extiende por varios estados que han sido gobernados por partidos de todos colores. Es verdad que sus respuestas son lentas, terribles y brutales. Y, a pesar de ello, es un sinsentido pedir la renuncia del Presidente. ¿Quién se quedaría en su lugar? Los que gritan consignas ¿a quién se imaginan apto para limpiar el cochinero? ¿Al eterno aspirante a la presidencia que palomeó el nombre del que agitó el avispero o a quienes durante doce años no pudieron con el paquete? Pero, si el actual presidente fuera de izquierda o de derecha, tampoco sería buena idea pedir su renuncia. La situación merece mayores alturas de miras que el clientelismo de la oportunidad.
Estamos indignados, sí. Pero los incendios, el vandalismo y los actos salvajes no nos acercan al lugar adecuado. Nos alejan de él. Quemar la puerta del Palacio Nacional con la cara cubierta por una capucha es un acto cobarde que no tiene sentido. ¿Vamos a seguir así?
Ya estamos hartos de tanta impunidad.

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Dolores duros

Dicen que los quemaron. Se basan en hipótesis que emanan de los peritajes, pruebas y diligencias, no es nada seguro, pero parece que los mataron y los incineraron. Ojalá fuera la trama de un cuento de terror o de una novela de misterio. No. De acuerdo con la confesión de miembros de Guerreros Unidos, se llevaron a los cuarenta y tres normalistas desaparecidos los asesinaron y les prendieron fuego. Así, a sangre fría, con una crueldad que rebasa la verosimilitud. Nos agrede tanto que cerramos los ojos y preferimos creer que eso no es verdad.
Los testimonios recabados por la Procuraduría General de la República apuntan, junto con el resto de las investigaciones, a que hubo un homicidio masivo que se llevó a cabo en el basurero de Cocula. El Infierno existe y, al parecer, está en la Tierra.
Nos mostraron fragmentos óseos que parecen más pedazos de carbón que restos de jóvenes que vivieron, sintieron, respiraron y tuvieron identidad.las descripciones son tan duras, tan cruentas tan cercanas a lo salvaje que quisiéramos , de corazón quisiéramos que fueran falsas.
No hay forma de describir el dolor que me produjo ver la declaración completa del Procurador Murillo. La vi entera, sin recortes, tal como la presentaron a los medios extranjeros. No tengo ninguna duda de que ahí hubo un homicidio masivo. Hay quienes no creen que eso les haya sucedido a los 43 jóvenes normalistas. A mí eso no me consuela. Si no fueron los chicos ¿quiénes formaron parte de esa pira humana? Una fogata, que según los confesados, se conformó por cuerpos, leña, llantas y se iluminó con un cerillo, diesel y gasolina. Ardió desde le veintiséis de septiembre hasta el día siguiente. ¿Cómo no vamos a preferir pensar que eso no es verdad?
Entiendo a los padres y familiares de estos 43 chicos, es evidente por qué ellos rechazan la versión del Procurador. Yo también quisiera que no fuera cierto. Ojalá no lo sea, espero que sigan buscando a los muchachos y que los encuentren con vida. Hay voces que insisten en que los normalistas están vivos.
También quisiera respuestas. ¿Quiénes son los Rojos y los Guerreros Unidos? ¿Por qué ellos querrían hacerles daño a cuarenta y tres estudiantes!? ¿Qué hacían los chicos en Iguala? ¿Por qué el señor Abarca dio la orden a la policía? ¿Por qué iban por María de los Angeles Pineda, esposa del alcalde? Es fácil dudar cuando no hay respuestas básicas.
Después de la conferencia de prensa del Procurador Murillo Karam, de ver las imágenes que presentó y de escuchar los testimonios, siento ceniza en la garganta. El humo de la pira se me mete entre las pestañas y las lágrimas salen sin parar.
El dolor más duro es el del golpe que no te esperas y te toma por sorpresa. Ese que no se puede evitar por que lo sientes y te das cuenta cuando ya es demasiado tarde para esquivarlo. Aquí, no hay forma de hacerse a un lado. Si son los chicos de Ayotzinapa o si no lo son, el dolor es igualmente duro.

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Certezas y esperanzas

Amanecemos con una noticia que se esperaba hace más de un mes: la pareja más buscada de México fue finalmente detenida. El alcalde Abarca y su esposa fueron aprendidos esta madrugada en la Ciudad de México. La atención está puesta en su declaración y en lo que su mujer tenga que decir. Desde luego, lo que todos queremos escuchar es precisamente lo que no queremos que nos digan. Necesitamos saber qué pasó con los estudiantes de Ayotzinapa, nos rehusamos a que nos confirmen una sentencia fatal.
Imagino a los padres de estos cuarenta y tres muchachos. Ya sabrán la verdad, la esperanza le dará paso a la certeza. Dicen que mata más un anhelo que no llega que una verdad terrible.
Por otro lado, Reforma reporta que uno de los líderes de la agrupación delictiva Guerreros Unidos confesó haber asesinado a los chicos y también indicó dónde dejaron sus restos. Hay que esperar. Hay que apelar a un poco de paciencia para enterarnos si es o no verdad su dicho. Por desgracia, la fatalidad no juega a favor. El Gobernador interino de Guerrero, el señor Ortega, insiste en que el tiene información de que los normalistas están vivos. ¡Ojalá!
La revista Proceso reporta que los padres de los muchachos desaparecidos recibieron por parte del exgobernador Aguirre la oferta de cien mil pesos si dejaban de buscar a sus hijos. ¿Eso vale un hijo de la nación? ¿Con cien mil pesos, menos de nueve mil euros, se borra la vida de un mexicano? ¿Qué Aguirre no tiene conciencia? Con razón andamos buscando a nuestros jóvenes en basureros.
Amanecemos con muchas novedades. Estamos pendientes de lo que los señores Abarca tienen que decir. Ellos sí saben. Ellos deben decirnos. Al igual que los padres, desde Estrasburgo hasta Ayotzinapa, desde Berlín hasta Iguala, desde Nueva York hasta Chilpancingo queremos respuestas. Nos urge saber: ¿Dónde están los normalistas?
Y, a estas alturas del partido, es cada vez más importante saber ¿por qué los mandaron desaparecer?
¡Pobres padres! Se acabarán los diálogos sin sentido, los informes imprecisos, las esperanzas y llegarán las certezas. A más de un mes en que se les ha llevado al límite, por fin, están a punto de saber.

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La sordera estadounidense

Esta semana los ciudadanos estadounidenses irán a las urnas para decidir la suerte del Congreso y de varios de sus Gobernadores. Como siempre sucede con las elecciones intermedias, los electores pasan revista al poder ejecutivo, evalúan su actuar al votar la conformación de las cámaras.
En Estados Unidos la selección es poco complicada, sólo hay dos partidos: el conservador, es decir, los republicanos y los liberales, es decir los demócratas.
A decir verdad, republicanos y demócratas se parecen mucho. Todos quieren llevar agua a su molino prácticamente de la misma forma, quieren ganar adeptos y hacen campañas que asombren al elector, que capten su atención y despierten su preferencia. En la era digital, las campañas se modifican. Es preciso sorprender para atrapar el interés del elector que vive distraído, pendiente de lo que sucede en tiempo real a través de una pantalla, que escucha lo que quiere y a quienes quiere, que confirma sus gustos y puntos de vista a partir de las selecciones electrónicas que le dan sus preferencias.
¿Cómo hacerse escuchar por una sociedad que vive atrapada por aparatos electrónicos? La forma más fácil es escandalizar, causar miedo. Para desactivar la sordera del pueblo estadounidense es necesario asustarlos. Entonces, a México le va mal.
Los mensajes que se envían por cadenas de televisión de paga que dicen con voces proféticas y airadas que las células de ISIS se quieren infiltrar en territorio norteamericano por la frontera sur, el Ébola llegará a Estados Unidos proveniente de las tierras septentrionales, las calamidades vuelan a la velocidad del viento de sur.
Por ahí, la actual situación de la política nacional en México no ayuda mucho. Las voces de la narcoinfluencia son realidad, sin embargo, no somos la fuente de todos los males estadounidenses. Allá lo entienden, moderan el discurso oficial pero sueltan los perros mediáticos. Dejan que reporteros eleven la voz y les dan discretos aplausos. Que no se note mucho el desprecio en el Congreso, que se disimulen las pocas ganas de entrarle al tema migratorio para asegurar el voto latino que ya pesa y pesa mucho. Total, luego con ignorarlos es más que suficiente.
El pronóstico es que le irá mal a los demócratas. Obama no tiene contentos a los votantes, la gente de a pie le reclama la recesión vivida en sus periodos, los latinos piden cuentas por el incumplimiento de sus promesas, los intelectuales hablan del cierre de Guantánamo, los pacifistas se preguntan cómo fue que no se acabo la guerra, y los estadounidenses se preguntan si Hillary Clinton hubiera sido mejor opción.
Pero no hay debate serio. La gente opta por forjarse opinión consumiendo datos que los asustan en vez de hacerlos reflexionar, si no, ¿por qué la indiferencia gana en las urnas?
Si a George Bush Jr. la historia le está pasando factura, a Obama hace rato que se la esta cobrando. Se le acusa de tibio y él dice tener las manos atadas. Mientras tanto, la falta de diálogo entre demócratas y republicanos tiene muchos destinos conglelados, inanimados, viviendo miedos absurdos y terrores infundados. ¿Y si se escucharan entre ellos? ¿Si escucharan a sus electores? Tal vez las urnas estarían más concurridas.
Pero si la sordera estadounidense afecta a los votantes, imaginen cuanto impactará a aquellos que ni se ven, ni se oyen. ¡Ah, pero eso sí, que trabajan como burros! Eso ya lo sabemos. La otra pregunta relevante es, ¿a quién beneficia esta sordera

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Nuestros queridos muertos

Dice la tradición que la madrugada del Dos de Noviembre se abren las puertas que separan a los vivos de los muertos y que los que ya se fueron tienen permiso de cruzar el umbral y volver. Por eso, se colocan altares con recuerdos, bebidas y manjares, es decir, con lo que le gustaba al difunto, para darle gusto.
¡Cómo quisiéramos que cruzaran el puente que divide el reino de Mictlantecuhtli con un poco más de corporeidad! ¡Cómo quisiéramos que si Dios Padre les va a dar permiso, se los diera en cuerpo y alma! ¡Cómo nos gustaría verlos, abrazarlos, llenarlos de besos y poderlos tocar! Pero nos tenemos que conformar con enviar suspiros al cielo, con evocaciones a veces vívidas, a veces diáfanas, con caricias a los retratos y besos al aire.
El evangelio de Lucas, en la parábola del epulón y Lázaro, se refleja la petición que el rico le hace a Dios: Deja que baje Lázaro y les cuente a los míos lo que hay después de la muerte. No, que escuchen a los mensajeros que les he enviado. Pero los humanos rebeldes queremos más.
Quisiéramos tener un hoyito por el cual atisbar el más allá. Tener certezas materiales de lo que sucede cuando uno de los nuestros o nosotros mismos damos el último suspiro. No, eso no existe. Incluso, los que han muerto y han regresado después de una técnica de resucitación, aquellos que cuentan que vieron una luz al final del túnel, se han topado con la explicación científica de que eso se debe a que el cerebro vive tres minutos más después que los demás órganos han dejado de vivir. No se trata de que hayan tocado la Eternidad, se trata de imágenes distorsionadas por un cerebro moribundo.
No, ante la muerte la única certeza que tenemos es que nos va a tocar. Lo que sucede después se divide en dos corrientes, los que ven un hondo mar oscuro, los que opinan que ese es el final y los que creemos en un cielo lleno de luz y amor. Si me dan a escoger prefiero la luz que la oscuridad.
Para mis queridos muertos, para los míos, para mí eso es lo que creo. Espero que mi ultimo suspiro abrirá la puertas que me permitirán entrar al lugar donde me reuniré con mi Mami Lolita, con María Antonieta, con mi abuelito Salvador, con mi abuelito Daniel, con mi abuelita Jesús, con el tío Víctor, con la tía María Elena, con mi tía Martha, con el padre Sanabria, con mi ángel de la guarda, con Jesús, María y José. Estaré en comunión con quienes partan antes que yo.
Sin embargo, hasta que eso suceda, trataré de atizar la flama de su recuerdo, lucharé por que su imagen no se borre y diré la oraciones que me conectan a ellos. A ellos a los que quise y quiero tanto.

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