Cretinismo

El cretinismo parece una metáfora del sinsentido de la circunstancia nacional. Es una afectación de la glándula tiroides que se manifiesta en una actividad desacelerada en la producción hormonal que causa mal formaciones musculares, retraso en las funciones neurológicas y viene acompañado con ciertas evidencias físicas como la baja estatura del individuo que la padece, exceso de peso, somnolencia, letargo y una lengua tan grande que no le cabe en la cavidad bucal.
Parece que el ambiente en México padece cretinismo. Fíjense y verán la cantidad de cretinos que hay por ahí. No alcanzan la estatura que la Nación necesita para encarar los retos del momento y demuestran tener la lengua más grande que el cerebro. Vemos a políticos, mandatarios y dignatarios lentos, abotagados y pesados. Con gran dificultad motriz y con una pasividad que raya en la incongruencia.
Basta abrir una hoja de periódico, encender la radio, la televisión u hojear una revista para darse cuenta. Personajes que lucen un hipotiroidismo alarmante. Y, para muestra, un botón.
Resulta que ahora ir a un estadio a ver un partido de futbol es un evento de alta peligrosidad, más si se trata de un partido Pumas-América. Parece que la sociedad se resigna a que el espectáculo más gustado en la Nación sea espacio de vandalismo y destrucción. Ya no es un ambiente familiar en el que padres e hijos puedan disfrutar de sana diversión. Es un lugar en el que se puede perder un ojo, salir quemado o seriamente golpeado. Es la ocasión para perder el control individual, para drogarse, aventar centellas y bombas Molotov.
¿Quién pone orden? Nadie. Ni las autoridades de los clubes, ni los representantes de las barras ni las fuerzas del Estado —que lucen muy débiles— ni los espectadores, ni nadie. Ahora ir a echar porras es sinónimo de destrucción y destruir significa manifestarse por lo tanto es un derecho que debe ser defendido. Por favor, que alguien me explique cómo llegamos a este lugar.
Manifestaciones en las que la gente sale a la calle a demostrar descontento y terminan dañando a particulares que ni la deben ni la temen. Jóvenes que protegidos por una capucha se atreven a cruzar la línea de la cordura y rayan en actuaciones terroristas en las que se ponen en peligro a sí mismos y a los que los rodean. Policías que salen heridos y ministerios públicos que dejan en libertad a detenidos que tal vez sí o tal vez no tuvieron que ver con los desmanes. Al final, impunidad imperante.
Sin duda padecemos de cretinismo. Somos un conjunto de cretinos los que permitimos que los espacios de vida en común estén siendo arrebatados por gente violenta y que encima les creamos ese discurso puritano en el que reclaman derechos de expresión y no entendemos que lo que buscan es la destrucción.
Sin duda, padecemos una actividad mental lenta si no somos capaces de darnos cuenta de esta pifia y caemos en el juego de ponerle le cola al burro. ¡Sálvese quien pueda si los cretinos mandan! Debemos tener cuidado. Lo bueno es que hay rasgos físicos que nos permiten identificarlos: tienen la lengua más grande que la cavidad bucal, mas grande que el cerebro. Conste, el que advierte no es traidor.

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