Entre bombas Molotov

Aquí no se trata del legítimo derecho a protestar. Se trata de diferenciar una cosa de la otra. Protestar, mostrar inconformidad, dolor, rabia es legitimo, sin embargo, para todo hay modos. Sí, modos y límites.
Mostrar desacuerdos es un derecho, pero si para hacerme escuchar quiero secuestrar a un chofer que conduce una pipa de gas y la quiero hacer estallar, ya me pasé de lista, ya no se trata de una protesta, se trata de un crimen en grado de tentativa.
¿Qué hubiera pasado si la pipa de gas que los vándalos se apropiaron si, en verdad, la hubieran hecho estallar? ¿Cuántos muertos, heridos, afectados? ¿Cuántas casas, negocios, autos destrozados? ¿Quién paga esos desmanes?
El 20 de noviembre, un grupo de descontrolados, con bombas Molotov en mano, salieron a las calles y dada la evidencia, no tenían ganas de manifestarse, su intención era delinquir. Eso es diferente a caminar en forma ordenada para expresar desacuerdos.
Dos policías resultaron heridos, están quemados en el hospital. Fueron agredidos y parece que la ampollas en esas pieles no valen nada, los detenidos ya están libres. Unos, porque pagaron fianzas y otros porque fueron arrestados sin deberla ni tenerla.
Mal, muy mal. Levantar inocentes está pésimo, liberar culpables también. A los jueces, en su leal saber y entender, no encontraron delitos graves. La Ciudad, gobernada por el mismo partido que llevó al alcalde de Iguala al poder, se niega a lavarse la cara. Más bien se lava las manos, apapacha vándalos y abraza la impunidad. ¿Así, cómo?
Mientras, los ciudadanos de bien, la gente que movemos a la nación con el trabajo honesto y esfuerzo diario tenemos que hacernos a la idea de que vivir entre bombas Molotov será parte de nuestra cotidianidad ya que, según las autoridades, eso no es un delito grave.
Pero esos jueces, ¿no tendrán hijos, madre, hermanos o seres queridos? ¿No sabrán que una bomba Molotov no es un chiste, que es un artefacto que saca ojos y corta dedos? Hasta dónde yo me quedé, esos artilugios son de portación ilegal. Son peligrosos, especialmente si los manejan personas sometidas al influjo de una droga.
Lo peor, es que este descontrol, inocentes pagan el pato y los culpables salen a las calles. La impunidad coronada de bombas molotov. ¿Hasta cuándo?

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