Dejar de ser invisibles

He criticado al Presidente Barack Obama por su falta de compromiso con los migrantes que viven en Estados Unidos, que trabajan honestamente, pagan impuestos y contribuyen a forjar la riqueza de la nación más poderosa del mundo. Lo he criticado porque fue gracias al voto latino que el señor pudo sentarse en la silla presidencial y habitar en la Casa Blanca.
También lo critiqué por la falta de congruencia entre su discurso de campaña y su oficio presidencial. Hizo todo al revés. Su administración ha deportado a más gente que otras y ha fracturado familias y tratado a niños como animales, enjaulandolos en condiciones infrahumanas.
Pareciera que la tierra donde el sueño americano es lema y en la que la justicia e igualdad son valores ha decidido que, unos son más iguales que otros y que lo justo es hacerse de la vista gorda con los latinos. Dejan de verlos para otorgarles derechos pero cobran sus impuestos. Les abren las puertas de sus casas para que cuiden a sus hijos, limpien a sus viejos, corten su pasto, laven su ropa, pero cierran la frontera y los sienten molestos si piden ser vistos como iguales.
Obama ha sido un presidente débil. Se ha dejado atrapar por un Congreso mezquino y se ha sometido a sus intereses. No le resultó tanta obediencia. Nadie se lo ha agradecido. Ante el fracaso de las elecciones intermedias y como un político que ya no tiene nada que perder, tomó una decisión: dejar el corto plazo y comprometerse con la Historia.
Obama ni quiere ser recordado como el presidente negro que fue esclavo de sus legisladores, ni aspira se recordado como el hombre que tuvo buenas intenciones y pocas acciones. Se revela y decide hacer lo que nadie ha hecho: resolver un problema que ya se convirtió en lo cotidiano. Quiere poner fin a una injusticia. Va a hacer que los latinos dejen de ser invisibles.
Avisó que hoy, 20 de Noviembre, hablará y operará a favor de los migrantes. Hará uso de sus facultades ejecutivas y tomará decisiones. Dejará de lado las necedades del Congreso y pondrá órden. Cumplirá sus promesas.
El Presidente de los Estados Unidos se dirigirá a la nación y al mundo para decir cómo pretende ayudar a los latinos migrantes. Con ello hace un movimiento múltiple: cumple su promesa, toma la estatura de un dignatario, resuelve un problema, retoma la simpatía de los latinos que lo llevaron al poder y pone al Partido Demócrata en la lucha para la elección presidencial. También evidencia al partido Republicano y lo desnuda frente al mundo. Carambolas.
Pero lo principal es que muchos que creyeron en el sueño americano, que han trabajado y aportado al crecimiento de esa nación, por fin, dejarán de ser invisibles. Hay esperanza por lo que el Presidente Obama dirá hoy por la tarde. Sea el 20 de noviembre un día propicio y marque, nuevamente, el calendario a favor de los que nadie ve.

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