Invitación

Espero que me puedan acompañar.

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En desacuerdo

Qué fácil es lucrar con el dolor genuino. Qué difícil es opinar al respecto. La combinación de una pena legítima con violencia es sumamente peligrosa. Por un lado, quien sufre merece la empatía del mundo, pero quien delinque debe tener un castigo.
No creo que exista en el mundo alguien que no se solidarice con los padres de los chicos de Ayotzinapa. Nadie queremos estar en sus zapatos viviendo esa incertidumbre que oscila entre los extremos de una verdad terrible y una esperanza que cada día parece más tenue. Nadie. Pero alguien tiene que decir que quemando puertas, tomando aeropuertos o bloqueando autopistas no son formas ni se gana nada.
¡Pobres padres! En medio de tanto dolor hay que asistir a reuniones con el Procurador y el Secretario de Gobernación, hay que atender reporteros, hay que elevar la voz y hay que limpiarse las lágrimas. También hay que protegerse, hay que tener el criterio para separar lo que es legítimo y lo que son intereses que sirven a otros fines.
María Luisa Puga, escritora mexicana nacida en Acapulco, que sufrió exilios y dolores, se preguntaba desde otras trincheras pero en circunstancias similares ¿cómo discurrir acerca del dolor sin volverlo una mercancía o una fórmula de intercambio? La pena es un tema de difícil manejo. Debe tratarse con cuidado y con respeto para no ofender.
Elevar los puños, atizar violencia y llevarse en el camino a gente inocente es caer en aquello que se critica. No es el fondo, es la forma. Todos sentimos el oprobio por los 43 desaparecidos, no hay manera de que alguien vea bien el incendio de oficinas, la quema de puertas, las pedradas, la ruptura de vidrios y los ataques vandálicos a negocios de gente que trabaja en forma honesta y da fuentes de empleo a personas que no tienen nada que ver con los hechos que generaron tristeza.
Entre la aflicción y los gritos cada vez más fuertes, percibo además del dolor, una gran confusión. Veo actos anarquistas que no ayudan a avanzar en el esclarecimiento de la verdad. Al contrario. Parece que con todo propósito hay una mano que manipula, que quiere tender una cortina de humo para ocultar al verdadero malvado, que le da escondite al mal.
Por eso, estoy en desacuerdo con tantas barrabasadas y desmanes que sirven para distraer a los que tienen que estar buscando la respuesta de qué pasó con los muchachos normalistas y por qué fueron ellos los receptores de tanta violencia. No hay nadie que nos conteste con claridad qué pasó y que nos explique las razones. Urgen respuestas. Es preciso dejarnos de tonterías y poner atención en donde debemos.
Doble crimen cometen los anarquistas, deben ser castigados por sus fechorías y por distraer a los que se deben concentrar en lo importante: los cuarenta y tres desaparecidos.

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