Nuestros queridos muertos

Dice la tradición que la madrugada del Dos de Noviembre se abren las puertas que separan a los vivos de los muertos y que los que ya se fueron tienen permiso de cruzar el umbral y volver. Por eso, se colocan altares con recuerdos, bebidas y manjares, es decir, con lo que le gustaba al difunto, para darle gusto.
¡Cómo quisiéramos que cruzaran el puente que divide el reino de Mictlantecuhtli con un poco más de corporeidad! ¡Cómo quisiéramos que si Dios Padre les va a dar permiso, se los diera en cuerpo y alma! ¡Cómo nos gustaría verlos, abrazarlos, llenarlos de besos y poderlos tocar! Pero nos tenemos que conformar con enviar suspiros al cielo, con evocaciones a veces vívidas, a veces diáfanas, con caricias a los retratos y besos al aire.
El evangelio de Lucas, en la parábola del epulón y Lázaro, se refleja la petición que el rico le hace a Dios: Deja que baje Lázaro y les cuente a los míos lo que hay después de la muerte. No, que escuchen a los mensajeros que les he enviado. Pero los humanos rebeldes queremos más.
Quisiéramos tener un hoyito por el cual atisbar el más allá. Tener certezas materiales de lo que sucede cuando uno de los nuestros o nosotros mismos damos el último suspiro. No, eso no existe. Incluso, los que han muerto y han regresado después de una técnica de resucitación, aquellos que cuentan que vieron una luz al final del túnel, se han topado con la explicación científica de que eso se debe a que el cerebro vive tres minutos más después que los demás órganos han dejado de vivir. No se trata de que hayan tocado la Eternidad, se trata de imágenes distorsionadas por un cerebro moribundo.
No, ante la muerte la única certeza que tenemos es que nos va a tocar. Lo que sucede después se divide en dos corrientes, los que ven un hondo mar oscuro, los que opinan que ese es el final y los que creemos en un cielo lleno de luz y amor. Si me dan a escoger prefiero la luz que la oscuridad.
Para mis queridos muertos, para los míos, para mí eso es lo que creo. Espero que mi ultimo suspiro abrirá la puertas que me permitirán entrar al lugar donde me reuniré con mi Mami Lolita, con María Antonieta, con mi abuelito Salvador, con mi abuelito Daniel, con mi abuelita Jesús, con el tío Víctor, con la tía María Elena, con mi tía Martha, con el padre Sanabria, con mi ángel de la guarda, con Jesús, María y José. Estaré en comunión con quienes partan antes que yo.
Sin embargo, hasta que eso suceda, trataré de atizar la flama de su recuerdo, lucharé por que su imagen no se borre y diré la oraciones que me conectan a ellos. A ellos a los que quise y quiero tanto.

IMG_2363.JPG

IMG_2363-0.JPG

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: