Un mes

No. No seré yo la que salga en defensa de López Obrador, para eso tiene a muchos que lo aman a pesar de los pesares, que le son leales incluso con su necedades, con la evidencia de sus formas convenencieras, con su discurso contradictorio y acomodaticio. Parece que el héroe que clama por la honestidad valiente se arrugó frente al narco. ¿Y, si no fue así, por qué el señor presidente municipal llegó a la alcaldía de Iguala?
Ayer, López Obrador negó tres veces conocer al prófugo más buscado por la justicia mexicana. Así como en el pasaje de San Lucas Pedro niega tres veces a Jesús pero todos sabían que era su discípulo, así no importa cuantas veces el eterno candidato a la presidencia de México diga que no lo conocía, no le vamos a creer. Sin embargo, eso no es lo importante.
Como tampoco lo es recalcar las veces que se le recrimino al Estado la lucha contra el narco y los ríos de sangre que se quedaban en una lucha cruenta e inútil. Ya empiezo a sospechar del porque este señor se molestaba tanto con los muertos en la lucha. ¿Y los que están enterrados a las afueras de Iguala? ¿Esos no le molestaban? ¿No captan su furia todos esos restos que han sido encontrados y que no tienen nombre? ¿O esos no importan precisamente porque no tienen nombre? ¿O esos no valen porque los mandó asesinar, presumiblemente, un alcalde que él ayudó a llegar al poder? Sin embargo, repito, eso no importa. Al menos no en estoas momentos.
No importa si López Obrador lo conocía o no, ni es relevante que con el oportunismo al que nos tiene acostumbrados, cambie su discurso a última hora y llore por los desaparecidos de Ayotzinapa. Tampoco vale la pena detenerse en reclamarle porque se hizo el disimulado cuando supo que dinero ilícito estaba corrompiendo al PRD. No es momento de recriminarle ni de reírse cuando declara que desde el 2010 ya se quería ir del partido, pero no dice que se esperó a ser candidato antes de saltar a otro lado. No hay que perder el tiempo con un sujeto que es capaz de poner a leer los nombres de los desaparecidos a una mujer de ochenta años a pleno rayo del sol para acogerse a su prestigio literario, sin tomar en cuenta que se estaba deshidratando.
No. No hay tiempo que perder. Hoy se cumple un mes que los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, Guerrero están desapreciados. Eso es lo importante. No es tiempo de agitar el avispero, es el momento de unirnos y encontrar a estos chicos. Cada día que pasa juega a favor de la fatalidad. No hay que distraernos, lo importante son esos muchachos y saber cuál es su paradero. ¿No creen? Sin embargo, ya le llegará el tiempo de dar explicaciones en serio, de rendir cuentas y dejar esas arengas que hoy suenan tan huecas.
Hoy lo único importante es resaltar que hace un mes que no sabemos nada de esos 43 muchachos.

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