Impacientes

Los medios internacionales son impacientes. Se apresuran en sus comentarios y ya sabemos que las prisas traen malos resultados. A unos cuantos meses de la administración del Presidente Peña Nieto, cuando aún no se conseguían las anheladas reformas estructurales que catapultarían a México al desarrollo tan esperado y tantas veces negado, periódicos y revistas del extranjero hablaban del mandatario mexicano como el salvador que resolvería, por fin, todos nuestros problemas.
Los vítores y aplausos me parecieron anticipados, sin sustento y bastante exagerados. Es cierto, Peña inició el sexenio a tambor batiente, con muchas propuestas y con un pacto entre las principales fuerzas políticas que sin duda era digno de alabanza, pero la consecución de las reformas se veía difícil y nadie parecía recordar el gran problema que traíamos encima de violencia y corrupción.
En forma facilona se criticó a Felipe Calderón y su lucha contra el narcotráfico, se le culpó de haber regado sangre por todo el territorio nacional como si fuera un delito perseguir maleantes. Es verdad, murieron muchos inocentes, mismos que siguen muriendo hoy. Pero pareció que los medios internacionales borraron del mapa ese pequeño detalle y rindieron generosas pleitesías al gobernante mexicano. Sin embargo, la bomba de tiempo heredada del pasado seguía haciendo tic -tac, muchos decidieron desoírla.
Hoy, que la violencia se destapó, que la inconformidad sale a las calles, que se encuentran cadáveres en cualquier hoyito que se escarbe, los medios internacionales se apresuran a rasgarse las vestiduras, gritan urbi et orbi voces en contra del presidente Peña. Calma. ¿Por fin, en qué quedamos?
Tan inmerecidas fueron esas alabanzas exacerbadas, como lo son esas caricaturas de Enrique Peña con guadaña y vestido de muerte. Las cosas no han cambiado, permanecen constantes. Es decir, ni mejor ni peor . Los que piensan que es terrible que no estemos mejor, tienen razón. No hay porque dar campanas al vuelo. Pero los que aullan y se retuercen ante el panorama nacional me parece que son aquellos que se creyeron que las cosas se arreglan con una cara bonita.
Por desgracia no hay caritas mágicas. No importa cuantas veces Rosario Robles le haga la barba al su jefe, ni cuantos discursos triunfalistas se pronuncien, ni cuantas portadas reflejen a un presidente con efigie de muerte, no podemos engañarnos, las cosas siguen básicamente igual. La impaciencia en los juicios, por lo general, es madre de malos análisis que llevan a peores conclusiones. Peña necesita tiempo.

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