Tristes y enojados

Era evidente. Las personas que marcharon por las calles de la Ciudad de México para reclamar con vida a los normalistas de Iguala se dividían en dos grupos, los que estaban tristes y los que estaban enojados. Era de esperarse encontrar los ánimos caldeados y sólo los más ingenios dejarían de ver que muchos oportunistas se colgarían de esta marcha para hacer fechorías. La mejor forma de predecir el futuro es volver la vista al pasado.
Lo sucedido al ingeniero Cárdenas y a Adolfo Gilly es inaceptable desde todo punto de vista. Hay mucho enojo en el ambiente y ofrecer disculpas no va a devolver a los chicos que siguen desaparecidos. El PRD debe dar respuestas serias, asumir responsabilidad y eso quiere decir, dejarse de tonterías, poner manos a la obra para arreglar el cochinero de candidatos y gente que pusieron en oficina para dirigir los destinos de una comunidad.
Ver las imágenes del ataque a Cuauhtémoc Cárdenas y a sus acompañantes, sus rostros que reflejaban confusión y pánico, me llevó a pensar en los chicos desaparecidos. En lo similar de la situación. Personas que eran atacadas en desigualdad de circunstancias. Unos armados, los otros no. Unos enardecidos, otros aterrorizados. Cárdenas llegó despeinado y descolocado a un vehículo que lo sacó de la zona de peligro. Gilly llevaba la cara cubierta de sangre, Salvador Nava iba con la cara pálida. Se leía preocupación y alivio de sentirse a salvo. La cosa pudo escalar y terminar en un desaguisado, en un martirio ocasionado por gente que marchaba para pedir respeto de derechos humanos. ¿Cómo se explica eso?
La combinación de enojo y tristeza da malos resultados. Entre la multitud el efecto Fuenteovejuna, en el que una gran bestialidad se diluye por la colectividad, tiene tentación de aparecer. Yo no fui, fuimos todos. Pero cada quien en lo individual arrojó piedras con la intención de lastimar. De dañar a un hombre que tiene más de ochenta años. Por fortuna, no pasó nada. Por desgracia siguen desaparecidos los estudiantes normalistas y lo peor es que siguen apareciendo fosas con cadáveres.
Es evidente que los mexicanos andamos tristes y enojados. No nos gusta ver a gobernadores rebasados, a presidentes mortificados, a chicos desaparecidos, a padres con los brazos vacíos. Eso nos entristece. Nos enojan las respuestas de quienes con honor debieran estar dando la cara.

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