Muerte en Iguala

Jóvenes estudiantes, chicos normalistas, un equipo de futbol, Los Avispones de Chilpancingo, una civil que transitaba por el lugar en un taxi, una fosa clandestina, otra más, veintitrés cuerpos calcinados, un presidente municipal en fuga, un jefe de la policía implicado, un Gobernador del Estado que quiere responsabilizar a la Federación, un Procurador General de la República indignado, un Presidente de la República que no disimula la mortificación, un país que teme escarbar un hoyo por miedo a encontrar cadáveres, más cadáveres, un cuerpo policial que será concentrado en un campo militar en Tlaxcala y un grupo de padres que hoy no saben dónde están sus hijos. No lo saben, pero sospechan. En medio de todo, el territorio de Iguala y la sombra de la muerte.
Ni es un cuento gótico, ni un relato de sustos, ni un texto negro pero sí es una escena de terror. Hasta Juan Sin Miedo tiembla y no hay valiente que no se asuste. Imagínense cómo están los cobardes.
¿Qué pasó en Iguala? Es la pregunta que retumba por las calles y muros de la ciudad guerrerense y hace eco en cada corazón mexicano y que se repite a ocho columnas en los principales medios de información del mundo. No hay respuestas que satisfagan.
Nos volteamos a ver unos a otros y no sorprende que cada quien quiera sacar las manos y echarle la culpa al que se deje. Aquí lo fácil es recurrir al crimen organizado, apuntar a la delincuencia es sencillo por lo evidente. Es claro que no fueron personas de bien las que perpetraron semejante salvajada. Lo importante es saber quién le abrió la puerta a estos delincuentes y los sentó en la mesa de honor.
Que nadie se llame a sorprendido, hace rato que se agita el avispero en Guerrero, si esto pasó en Iguala, imagínense lo que pasa en Tierra
Caliente.
Después de niño ahogado, todos quieren tapar el pozo, pero a estos padres de familia que no saben qué sucedió, no se les puede responder señalando a los malditos de siempre, a una organización que no tiene rostro, ni nombres, ni apellidos, que es tan etérea y resbalosa que no se le puede ver, ni castigar.
Esta gente merece respeto, tiene derecho a una explicación fundada, necesitan saber qué fue lo que pasó, quién lo permitió, quién lo ordenó y enterarse de las identidades, ver rostros, conocer a los culpables. A nadie le basta, y menos a ellos, con la explicación que culpa al crimen organizado. ¡Qué sencillo! No es justo. Se llevaron a sus hijos, cuando aún estaba vivos y así los quieren de regreso.
Pero resulta que sí hay quien los conoce, sí existe quién apoyó la candidatura del presidente municipal de Iguala, quién sugirió su nombre y lo anotó en la lista. Como también se encuentra al que propuso al
Gobernador de Guerrero que hoy se ve desbordado, incapaz de ponerse a la altura de los acontecimientos. ¿Ellos no tienen nada que decir? Y su partido, ¿no tiene ninguna responsabilidad que asumir? ¿Y los demás? ¿No tienen nada que decir? ¿No sienten las manos sucias?
¡Pobre Guerrero! Tan azotado por desastres naturales, por pobreza extrema, falta de educación, de fuentes de empleo y con semejantes personajes al frente de su gobierno. ¡Pobres padres! A los que les dicen que para identificar los cadáveres de las fosas pueden pasar semanas, tal vez meses. ¡Pobres muchachos! Fueron atacados sabe Dios por quién y con qué intenciones.
No hay explicación coherente de los acontecimientos. Sólo sabemos que hay chicos desaparecidos, que hay cuerpos que aparecieron en una fosa y que la muerte se apareció en Iguala.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Víctor Hugo Reyes Ramos
    Oct 07, 2014 @ 10:56:21

    Estupor, asombro inaudito, rabia, dolor, son una mezcla de sentimientos y de emociones desbordadas lo que produce el conocer éste tipo de acontecimientos; y tal vez más, tener presente el hecho de que todo, absolutamente todo, está definido por la búsqueda del Dinero. En que camino extraviamos los mexicanos nuestras tradiciones y valores, en donde los padres dejamos de engendrar hijos a la patria para arrojarlos simplemente al crimen. El hecho exige un análisis más profundo, de las causas. Gracias por abrir éste tema, necesitamos abonar a su comprensión y esforzarnos por encontrar vías de solución.

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