El poverello

Hoy las campanas de los templos de Asís tañen a todo volumen. Es cuatro se octubre, es la fiesta del santo patrono, es el día en que se conmemora el nacimiento, tránsito y muerte de San Francisco, un hombre santo que fue llamado a reconstruir la Iglesia Católica.
Al igual que lo hizo Cristo, Francisco decidió rescatar de las fauces de la podredumbre, ambición, lujo y desenfreno en que se encontraba la Sede de Pedro, no con alaracas, gritos, guerras y petardos. Lo hizo a partir de la humildad, de la sencillez y de la pobreza. Cambió su vida de burgués, de comodidad y diversión por un hábito rasposo de color café y un cordón. Con esas armas luchó y ganó. Refundó la Iglesia Católica, que como dato curioso, en ese momento el Papa era Alejandro II, cuyo nombre era Rodrigo Borgia. Sí, el papa Borgia y Francisco fueron contemporáneos. Dos extremos de la recta fueron coetáneos. Aún el poderoso pontífice entendió y valoró al santo de Asís. lo mandó llamar en el lecho de la muerte. El boato y el señorío se rindieron ante la humildad y la serenidad de un hombre que hizo vida su práctica , su regla y su pensamiento.
Hazme un instrumento de tu paz, dijo. Pidió con máxima humildad llevar amor en vez de odio, llevar la esperanza de Dios por doquier, iluminar la oscuridad con la luz del Espíritu, y calmar la duda con la fe. Pidió a Jesús, a quien reconocía como maestro, dejar de querer ser consolado sino consolar, ser entendido sino entender, ser amado sino amar.
Hoy, que tantos levantamos el dedo para juzgar y criticar, que lanzamos la primera piedra y que exigimos justicia, tal vez podamos encontrar repuestas en el Poverello de Asís. Es posible que si queremos amor debamos empezar por amar, si queremos perdón debamos perdonar.
La enseñanza de Francisco de Asís parte de la humildad que es el valor de ponernos frente al espejo y exigir en primera persona lo que queremos de los demás. Sí empiezo conmigo, con ese rigor que exijo de los demás, y si veo a los demás con la indulgencia con que disculpo los errores que cometo, tal vez encuentre las armas para ganar la lucha. Esa es la fórmula para ser un instrumento de Paz.
En esa oración testamento dice que perdonando encontramos perdón, amando somos amados es dando a todos como tú, Dios, nos das y muriendo es que volvemos a nacer. Es decir, busca lo trascendente a partir de nuestras propias obras. La responsabilidad la pone en nuestras manos, en nuestra voluntad.
Hoy las campanas en los templos de Asís y en todos los templos franciscanos del mundo tañen con alegría por la fiesta de uno de los hombres más queridos en la Iglesia Católica. Celebramos al santo que con sencillez y ejemplo de vida nos enseñó que el camino al cielo pasa por la tierra y está al alcance de nuestras manos.

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