Impulsar la productividad

La semana pasada el Presidente Entique Peña Nieto dio a conocer el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que será el más moderno que existe en el mundo. Celebramos con mucho gusto semejante iniciativa que, además, era justa y necesaria para el nivel de ciudad y país que es México.
Los críticos de este proyecto dicen que cómo es posible pensar en infraestructura de ese nivel cuando la Capital de la República está llena de baches y de banquetas rotas. Y, a pesar de que yo soy una entusiasta que apoya el proyecto del aeropuerto que cree en la inversión en infraestructura, no dejo de ver que para hacer lo grande hay que empezar por lo pequeño.
México tiene un problema: necesita hacer cosas, tiene gente que puede y las quiere hacer pero no hay empleo. Es absurdo, pero así es. Parece que hay una barrera entre la necesidad de hacer las cosas y las personas que pueden hacerlo. Es como si hubiera un vidrio grueso entre el hombre hambriento y el taco que está a la espera de quien se lo coma.
En la Ciudad de México pasa eso exactamente y en forma agravada. Hay empresarios que quieren invertir, gente que necesita trabajar y autoridades que desestimulan la inversión. Es un contrasentido, pero así es.
El programa de Uso de Suelo cuyo fin era ordenar el crecimiento de la Ciudad, terminó siendo una fuente de corrupción que frenó la inversión productiva. Las Delegaciones, los comités vecinales, las autoridades verificadoras se convirtieron en lobos hambrientos que mataron la gallina de los huevos de oro a base de cochupos y corrupción. El tono ha sido, si te mochas, te apoyo, si no te clausuro.
En esa condición se pueden ver establecimientos con sellos de clausura por toda la Ciudad. Gente que vio su sueño convertirse en pesadilla por no tener la capacidad de dar mordidas y soportar los costos y gastos de operación. Lugares que no pudieron abrir sus puertas porque viven cerca de algún vivales que decidió que algo estaba mal puesto y adiós. El círculo vicioso comenzó a girar en forma vertiginosa. Los inversionistas perdieron su dinero, la gente perdió su trabajo, el gobierno perdió impuestos, la comunidad perdió una derrama económica importante y como en la perinola, todos perdimos.
La inversión empezó a decrecer por evidentes razones y por lo mismo los niveles de desempleo se fueron incrementando. Así, la crítica es válida. ¿Cómo pretendemos tener un aeropuerto de clase mundial si no podemos generar empleos, si no logramos impulsar la inversión? Primero lo primero.
Por eso, la iniciativa del Jefe de Gobierno del Distrito Federal me gusta. Propone eliminar de la ley los motivos de clausura inmediata que fomentan la corrupción. Propone dar un lapso de quince días para que los establecimientos arreglen los problemas, apoyar al empresario que pone su dinero en riesgo, que da empleo y que quiere trabajar por la buena.
Adiós amenazas de comités vecinales abusivos, adiós a inspecciones ventajosas que sólo sangran al inversionista, adiós a los caprichos de políticos que se creen dueños de la Ciudad e inhiben su crecimiento.
Estoy segura de que con estas iniciativas la Ciudad crecerá, tendremos mejores negocios y estaremos a la altura de la clase mundial. Hay que apoyar esta iniciativa.

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