Leer entre líneas el adiós de Ferriz de Con

Cuando alguien sale a dar una explicación no pedida, hay una acusación implícita. Es como cuando una madre escucha a su hijo decir de la nada: yo no fui y encuentra la pared rayada con pinta labios, ya sabemos quién fue. No hace falta pronunciar las palabras, la omisión se entiende por el contexto.
Pero la elipsis, esta figura retórica que nos obliga a leer entre líneas y nos ayuda a evitar repeticiones odiosas, no siempre es efectiva. Hay quienes se quedan con lo dicho, se conforman con lo que se ofrece y a partir de ellos sacian su curiosidad.
Otros en cambio, construyen capítulos enteros alrededor de lo que no se dijo. Se tejen hipótesis, llegan a conclusiones sobre bases, tal vez, endebles y se afirman cuestiones que pueden ser falsas.
Lo cierto es que no hay como la claridad. Si alguien quiere dar una explicación, a pesar de que no se la han pedido, vale más que sea sencilla, rápida y de lo más entendible. De otra forma, la mejor opción es el silencio. Si el que explica es un neófito en el tema, uno entiende que se le haga moño la lengua y del cerebro salgan nudos; de alguien experimentado, uno espera otra cosa.
A mí me da por sospechar todo este numerito alrededor de Pedro Ferriz de Con. Ayer me topé, en varias ocasiones, con un video que se difundió en Internet, en el que Ferriz se dirige a su audiencia para pedirle perdón. ¿Por? ¿A su audiencia, por qué?
En el video explica que le hizo daño a quien más lo quiere ¡Sácatelas! Lo que leo entre líneas me deja estupefacta, mejor no hubiera dicho nada. Le hubieran dicho como me decían de chiquita: calladita te ves más bonita. El silencio es un privilegio de reyes.
Ferriz de Con es un hombre experimentado, un comunicador que sabe hablar y que no se intimida ante los micrófonos, ¿entonces? ¿Por qué no ejerció el privilegio de quedarse callado? ¿A qué salir a decir lo que dijo? A mí, ni a sus muchos radioescuchas nos debiera interesar si el señor se echó su canita al aire, si traicionó su matrimonio, si daño a su mujer, si tuvo ganas de sentirse joven, si sobrellevara su cruz, ni nada de eso.
Me hace sospechar ver en ese video a un hombre lejano de la figura que siempre le conocí. Un hombre que habla de puertas del Infierno, de dobles vidas, de cruces y expiación de culpas. En unos minutos descorrió una cortina personal que, en honor a la verdad, no nos tocaba ver. Sí, sí, el morbo hace maravillas. Por eso más sospecho.
Ya oímos a su mujer, en una entrevista con Fernanda Familiar, salir a disculpar a su marido y vimos a Ferriz lavando la ropa sucia de su intimidad frente a las cámaras. ¿Por qué hicieron eso?
No son una pareja de adolescentes, ni un par de descontrolados que no saben como manejarse. Me extraña que se pongan en evidencia sin pensar en sus hijos, nietos y demás familiares. Encima, no se nos revelan las razones por las que dejó su exitoso programa matutino. Esa que era la explicación pertinente, esa que era la que su audiencia sí merecía, esa… Esa no llegó. ¿Por?
No nos queda más que leer entre líneas.

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