La mentiras de Grupo México

Las aguas del río Sonora están sucias, ahí el agua no es vida, se mancharon de muerte. No se les puede beber, ni usar para riego, ni para nada. Están como arcillosas, achocolatadas, aceitosas. Los peces flotan panza para arriba, con la boca abierta y los ojos opacos. Las aves que se ensuciaron al buscar la vida, al acercarse a abrevar no pueden elevar el vuelo, están pesadas, el agua las marcó. Están moribundas. Las personas que bebieron de ese afluente se enfermaron debido al derramamiento de sustancias tóxicas con que se contaminó esta vena fluvial tan importante.
No. No se trata de una escena futurista en un cuento de ciencia ficción. Tampoco es un castigo de la naturaleza que se encargó de azotar a la región del norte del país ni es una venganza apocalíptica de los últimos tiempos. La marca en el río Sonora se debe al descuido de una minera, Grupo México al que en la región la gente califica como asesino serial. No parecen estar exagerando, hay que revisar el historial de la minera. Además con su reciente hazaña basta y sobra para ganarse el calificativo.
El derrame de 40 mil metros cúbicos de arsénico, cadmio, cobre, cromo y mercurio en los ríos Sonora y Bacanuchi, provenientes de la mina Buenavista del Cobre, del Grupo México, es uno de los desastres ecológicos más grandes de la historia de la región. Una historia de muerte y desolación: la minería de Asacro-Grupo México dejó un camino de depredación ambiental que ha provocado esa empresa que mintió, que quiso lavarse las manos y dejó un río contaminado.
La presencia del grupo le ha traído amargura y sufrimiento a la región; es ir recuperando la memoria. La empresa habla de utilidades, pero nunca de los muertos; ha dejado una enorme estela de muertos en la región. Es verdad que las empresas tienen como fin principal generar utilidades, pero no es el único fin. Hay que hacer las cosas bien, con responsabilidad.
Grupo México mintió, en forma alevosa quiso cargarle la culpa a la naturaleza, quiso volver la mirada a otro lado. No lo lograron. Son culpables y no hay duda.
Resarcir el daño, pagar multas, apechugar castigos, cumplimentar la ley. ¿Y los enfermos? ¿Y los peces muertos? ¿Y las cosechas? ¿Y la sed?
No se trata de linchar a nadie, pero más allá del daño que es irreparable, quedan las mentiras de un grupo que no se quiso hacer responsable de su cochinero, de su irresponsabilidad y de su crimen.

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