El pulso español

El día de ayer, en la edición del domingo, el periódico El País publica la evaluación ciudadana de las principales instituciones entidades y grupos sociales en España. En general, a ninguno de los evaluados les va bien si se le compara contra el 2013. La aprobación ciudadana baja, es decir, aprecia menos la labor de los que en su conjunto crean el bienestar püblico.
Los resultados no sorprenden. La sociedad española sigue al pie del cañón, caminando al borde del acantilado, sintiendo los estragos de esta crisis que lleva años y de la que los ciudadanos creen que costará mucho más tiempo reparar antes de que el temporal amaine. Por eso, es normal que la desaprobación avance.
Lo que sorprende es el rankeo de la sociedad. El lugar numero uno de aprobación, con un 89% (92 el año pasado), son los investigadores científicos, seguidos de los médicos y en tercer lugar los profesores de enseñanza publica. ¡Qué caray! Los peores son los políticos que subieron de un 6 a un 10% de calificación, los partidos políticos con 12% y los bancos.
A la Iglesia Católica le fue mal, pero no tanto: 36%, pero a los obispos les fue peor 15%, muy cercanos a los políticos. Sin embargo, Caritas que representa la obra social de la Iglesia tiene un glorioso 75% de aprobación situándose en el cuarto lugar del ranking.
El barómetro de confianza lo aplicó Metroscopia aplicando una encuesta en los meses de junio y julio, es decir, los datos son recientes.
Me sorprende como los españoles siguen aprobando la monarquía. Fue la única institución que vio la cifra aprobatoria a la alza. Claro, no hay que olvidar que hubo cambio de Rey, con Juan Carlos I la cifra llegó a un 47% y este año el pronostico era a la baja, y con Felipe VI es de 69%. Tal vez sea la novedad de su mandato, su sonrisa o la belleza de la infanta y de la princesa de Asturias, o Dios sabe qué, lo cierto es que el año pasado menos de la mitad aprobaban al Rey y hoy ya logró mayoría.
Yo me pregunto, ¿cómo estarán los niveles por acá, luego de tantos cambios y movimientos?

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Hace veinticinco años todo era diferente

Hace veinticinco años todo era diferente, distinto de verdad. Si se quería hablar por teléfono había que acercarse al aparato y discar el número para lograr la comunicación. Hoy la gente ya no habla, manda mensajes llenos de símbolos para expresar el estado de animo. Las computadoras tenían un lugar especial en la casa de los afortunados que lograban poseer tan extraordinario artilugio. En estos días las computadoras de escritorio van de salida y la vida la tenemos en el puño contenida en un aparato inteligente.
Hace diez años el mundo emergió de la debacle de las punto com y se empezó a considerar a la Red como un espacio de posibilidades infinitas que benefician además de a los geeks y nerds a la gente común y corriente.
La gratuidad de la información, la facilidad para entrar y convivir con el mundo virtual, la reducción de costos de operación y la posibilidad de vivir vidas paralelas en las que no se está provisto de cuerpo, de belleza, de dinero, transformó a la humanidad en un plazo muy corto. Tan corto que muchos aún ni se enteran de lo que pasó y otros ya están modificando lo que ya cambió.
Hace apenas un cuarto de siglo las siglas TIC no significaban nada ya han dado más de lo que prometían. Cualquiera con un aparato adecuado que se conecte a la red puede conversar y ver al otro que puede estar separado por océanos y mares o a un metro de distancia. Créanme, he visto gente chatear que está sentada codo a codo.
Falta mucho más. Las compañías están usando financiamiento mediante donativos públicos, los consumidores participan en el diseño de productos y la gente con discapacidades ha encontrado un estupendo terreno de desarrollo, los escritores publicamos en físico y en electrónico, la lista ouede seguir ad infinitum.
Las tendencias suelen ser pendulares, ya lo sabemos. La virulencia de las redes sociales empieza a sentir el yugo de tanta popularidad. Ha diez años de estar sumidos en la hiperconectividad hay quienes prefieren un poco más de privacidad. Las manifestaciones no se hacen esperar. Ya hay redes antisociales, plataformas que ayudan a escapar de los demás.
Redes como Cloak que tiende un velo virtual sobre la persona. Unbabyme.com que protege al usuario de las múltiples fotos que los padres orgullosos suben de sus monaduchas, son redes que cuentan ya con doscientos mil usuarios. No son muchos si se comparan con las cifras de Facebook o de Twitter, pero no son pocos.
Hace veinticinco años nos resultaba impensable hablar por teléfono en el coche, hoy eso representa una de las causas de muerte más frecuente. De pronto, los códigos cambiaron, ser moderno era estar pendiente de una pantalla, escuchar al lejano y desentender al próximo. Hoy, ya hay lugares que exigen dejar el celular sin sonido antes de acceder. Cines, salas de concierto, recintos religiosos, universidades, académicos, padres de familia queremos gente aquí y ahora, presentes y atentos. Los códigos de educación se adaptan, si no quieres pasar por un ordinario hay que guardar el aparatito en ciertos espacios.
Queremos aprovechar y usar la tecnología a nuestro favor. Aprender y enseñar el uso ordenado de los aparatos, y como me decía mi abuelita hace veinticinco años, hay un lugar para cada cosa para que cada cosa esté en su lugar.
Sí, hace veinticinco años todo era tan diferente, sin embargo, estoy convencida de que lo esencial sigue igual.

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