¿De plácemes?

Si nos atenemos al discurso oficial y vemos la cara del Presidente de la República, no nos queda más remedio que concluir que en México estamos de plácemes. Esta semana se concluyó el periodo legislativo que da sustento a las Reformas que Enrique Peña Nieto prometió desde que estaba en campaña. El Pacto por México a tiros y girones fue efectivo y ya tenemos el andamiaje para ser un mejor país. Si eso es así, no hay otra que estar de festejos.
The Economist confirma la posición del Ejecutivo. México está ya en la ruta dorada. Gracias a esta Administración y su vocación reformista, los mexicanos tenemos las bases para ser el mejor lugar del mundo. Habrá más empleo, mejores condiciones de trabajo, crecerá la actividad económica, la recaudación será más eficiente, la desigualdad se reducirá y los jóvenes tendrán un mejor futuro.
Todo suena tan maravilloso y, sin embargo, tan difícil de creer. Los representantes de la izquierda mexicana antagonizan con la posición oficial. No creen en el porvenir promisorio ni en las sonrisas del Presidente ni en las bondades de las Reformas. Es más, las ven como amenazas apocalípticas. Parece que ellos en vez de ver bonanza y oportunidades ven que una vez más nos pusimos en la torre solitos, nos metimos autogol y todavía estamos celebrando. Según ellos los jóvenes tendrán un peor futuro.
Ni unos ni otros son poseedores de la verdad absoluta, nadie lo es. Pero, si solamente nos podemos remitir a las pruebas, la Reforma Laboral no ha aumentado las fuentes de trabajo, al contrario, cada vez son más personas que pierden su empleo y van a engrosar las filas de la informalidad o del subempleo; la Reforma Fiscal es una miscelánea de sin sentidos que presiona más a la ya de por sí angustiada clase media, que busca la digitalización en un país sin infraestructura para ello y que no ha elevado el ínfimo grado de recaudación, seguimos siendo muy pocos los que pagamos impuestos; las reformas en telecomunicaciones no lucen tan espectaculares y la petrolera que recién se promulgó nos deja con la sensación de estar festejando la victoria de alguien más.
No hay más remedio que el análisis. En pleno festejo presidencial y a pesar de las sonrisas del gabinete y de las porras de publicaciones internacionales, el pronostico de crecimiento de la economía mexicana volvió a bajar. Ahora es un 2.7% que no alcanza para estar festejando con bombo y platillo.
No estoy de acuerdo con las voces apocalípticas que gritan que nos robaron el petróleo porque jamás ha sido nuestro, es y sigue en posesión de un sindicato poderoso, corrupto y ambicioso que no va a soltar sus privilegios. La Reforma no alcanzó para liberarnos de esa carga, pero parece que se eficientará y se modernizará el sector. Tampoco creo que las Reformas alcancen para el nivel de porras y vítores oficiales, la realidad en la calle es distinta a la que nos quieren vender.
¿De plácemes? No lo sé, ojalá.

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