María Barbara Reyes Muñiz (In memoriam)

Hay recuerdos que sin ser nuestros se alojan en nuestra mente y hechos que sin pertenecernos nos tocan el corazón. Las cosas que del pasado tienden a perderse como un papel viejo que se esconde en el ultimo cajón de un archivero. Pero hay recuerdos que no merecen ese destino y que deben ser recordados, ese es el caso de María Barbara Reyes Muñiz.
La historia de María Barbara esta llena de contrasentidos. La mañana del 8 de agosto de 2011, Barbie, como todos la llamaban, tomó la camioneta familiar y se dirigió a la Preparatoria número 163 de Cuautitilán, para realizar su inscripción al segundo año. Tenía entonces dieciséis años.
Barbie llegó a su casa alrededor del mediodía, dejó el coche y salió de nuevo, a pie. Barbie tuvo comunicación con su madre y con novio por la tarde, pero después ya no contestó los mensajes de nadie. Ahí empezó el infierno.
Barbie fue secuestrada. Sus padres la buscaron incansablemente. La familia se topó con huecos legales que entorpecieron la investigación, con negligencia del estado que en vez de ayudar a los padres a encontrar a su hija, alojaron a un cadáver en una gaveta del servicio forense sin nombre. Un juego perverso, una falta de consideración y una indolencia desmedida fue lo que padecieron los padres de Barbie para encontrar a su hija.
Buscaron durante 618 días, hasta que por fin les entregaron sus restos. Lo triste es que las autoridades del Estado de México tuvieron el cuerpo de María Bárbara durante meses y no lo reportaron. No fue mala voluntad, es el reflejo de la desorganización que existe. La iniciativa de los padres venció ese monstruo de miles de cabezas que en su gran desorden pierde de vista la parte humana, que mezcla osamentas de una persona con otra, que no sabe dónde ubicar nada, que todo pierde, que poco ayuda.
Ayer se cumplió un año más de la desaparición de María Barbara Reyes. Muñiz. No podemos olvidarla, ni a ella ni a unos padres que a pesar de los enormes muros de negligencia, estupidez, indolencia, apatía, descuido, desinterés del estado ellos encontraron a su hija.
Pensar en los padres de María Barbara es recordar que el cariño y la perseverancia lo pueden todo y ese es un ejemplo que no debe sufrir el destino de una hoja extraviada en la gaveta de un escritorio. Reza el dicho: el que busca encuentra y es verdad. No lo conocí, ni a ella ni a sus padres. Pero no es justo olvidarlos. Vaya este sencillo homenaje al amor que tiró semejantes barreras.

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