Cuando Capufe hace las cosas mal

Capufe es el órgano del Gobierno Federal del sector de Comunicaciones y Transportes dedicado a la administración, operación y mantenimiento de los caminos, puentes y cruces fronterizos en México. Es un organismo descentralizado que tiene una de las actividades prioritarias de la nación, el cuidado de la red terrestre de autopistas por la que circulan personas, mercancías y bienes en el país. Es decir tiene a su cargo las venas por las que fluye la vida de la nación.
A pesar de tener una de las actividades vitales para el país, ha tenido directores generales de todo tipo, políticos, de la talla de Fernando Gutiérrez Barrios, Gustavo Carvajal Moreno y pocos técnicos como el ingeniero Daniel Díaz Díaz. Casi siempre, su titularidad ha sido objeto de satisfacción de los compromisos de presidente en turno y eso causa insatisfacción en los usuarios de la red carretera.
La operación de Capufe parece sencilla y lo es. El mantenimiento de las autopistas y su operación responden a una estacionalidad muy marcada y conocida por todos. Cobrar peajes es fácil, más ahora que se puede hacer de forma electrónica.
Pero la historia nos dice que lo normal es que en Capufe se hagan bolas. No hay vacaciones que las autopistas no tengan programada y en curso una reparación que alenta el tránsito vehicular, aumenta las horas de recorrido y encarece los viajes de personas, bienes y mercancía. Esto tiene efectos colaterales negativos que impactan otros sectores de la economía como el turismo, la industria y el comercio.
Por si fuera poco, su sistema de telepeaje no funciona como es debido. El carril exclusivo para pago electrónico falla, hay necesidad de bajar la velocidad de crucero, la pluma se seguridad no libera el paso una vez cobrada la cuota y el estado de cuenta puede reflejar mal los cobros.
Las fallas de planeación estratégica aumentan los precios de viajar por tierra en un país que no ofrece otras alternativas factibles de transporte. Pero Capufe sigue siendo el lugar para mandar a los compadres del presidente.
El último escándalo es el de la tarjeta IAVE. Sin un proceso claro, sin un plan operativo, sin una campaña de comunicación, Capufe decide cambiar a su operador de telepeaje sin tener en cuenta al usuario. Como si se tratara de un decreto virreinal, el Director General del organismo, Benito Neme, desde la comodidad de su escritorio decidió que el verano era un buen momento para hacer el cambio.
Se necesita ser muy inexperto o muy soberbio para hacer una cosa así. Las colas en las casetas del país eran enormes, muchos automovilistas no tenían efectivo para pagar, las autopistas bloqueadas y el sistema arterial del país colapsado. Al final, todo salió mal y los automovilistas furiosos no han recibido una explicación adecuada. Y todo ¿por qué? ¿Por qué cambiar en esta época de temporada alta? ¿Por qué son avisar? Sigo sin entender qué va a pasar con mi antigua calcomanía, ¿tendré que volver a pagar por una nueva?
Una reverenda estupidez que le cuesta al país y por la que pagamos todos. Sin embargo quedan otras pregunta en el aire. ¿Quién se beneficia con este cambio de proveedor de telepeaje? El usurario ya quedo claro, no. Y la ultima y más obvia, si Neme dijo en el Senado que él es el responsable de este desaguisado, si ya demostró su desconocimiento del sector y su incompetencia como director ¿qué hace todavía en Capufe?

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