Un clavo que duele

Hace tiempo escuché al representante de la Organización para la Liberación de Palestina en México, que hubiera sido como el embajador si en aquellos años se le hubiera dado reconocimiento al territorio como país, preguntar qué sentiríamos si de repente un extraño que ni vela en el entierro tiene, decretara que mi casa es de otro. Qué sentiríamos si de un día para otro perdiéramos todo y fuéramos expulsados del lugar que conocimos como patria.
Pero cuidado, el tema es escabroso y lleno de minas. Hay odios milenarios, tierras prometidas, un pueblo errante que siente en el centro del corazón que Dios les asignó ese pedazo. Pero esa región desértica lejos de manar leche y miel, se ha convertido en fuente de sangre, rencor y hiel.
Golda Meyer, primera Primer Ministro de Israel dijo que esa guerra terminaría en el momento en que los hombres y mujeres involucrados le dieran mayor intensidad al amor por sus hijos que al odio que heredaron de sus padres. No ha sido posible.
¿Ante quién inclinar el fiel de la balanza de la justicia? Imposible decir. Hay mentiras, hay abusos, traiciones, tortura y golpes bajos de ambos lados. Todos han derramado lágrimas genuinas. Familias enteras han desaparecido, cada quien tiene un padre, una madre, un hermano, una tía, un primo o una hija que perdió la vida en este conflicto.
Las olas de este enfrentamiento llevan el ritmo del mar, a veces se enfurecen y a veces son tan tenues que el mundo se regocija pensando que ya se resolvió . Nada. Revive con furia y nos hace sentir el terror.
Israel o Palestina. Palestina, Israel. Es un clavo que le duele a la humanidad. Sin duda es tierra sagrada para mí, para ellos y para muchos. Debería ser Tierra Santa, espiritual y amorosa. No lo es. La virulencia de esos odios tiene víctimas civiles y eso sí que no es justo. Ataques a escuelas, a niños son canalladas sin sentido. El rencor es el rey y asfixia a la misericordia.
Lo complicado del asunto recae en las negociaciones. No hay confianza, no hay forma de creer en el que mató a tu esposo, que hirió a tu hijo que dejó huérfano a tu hermano, a ti. Traiciones justificadas en odios. La combinación no es buena. Tampoco les ha dado buenos resultados. La acumulación de cadáveres sigue. Esa tierra bendita mana sangre y hiel. Es un clavo que le duele a la humanidad. Ya sería momento de sacarlo y acabar con ese dolor.

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