Pena de muerte en Arizona

Justicia es dar con ecuanimidad a cada quien lo que le corresponde. Lo mismo para lo bueno que para lo malo, la justicia es una virtud que se sustenta en el derecho, la razón y la equidad. Esto se debe acentuar especialmente cuando se habla de imponer un castigo, más aún si se trata de la vida. Mayor énfasis y cuidado debe haber si se trata de una condena de muerte.
Es frecuente darnos cuenta que en nombre de la justicia se llevan a cabo actos de venganza, muchos de los cuales son peores que la falta que dio origen a la sanción. Hay castigos que son acciones de lesa humanidad, como cuando un niño es golpeado por sus padres por una travesura o un reo es sentenciado a una inyección letal que lo someterá a una agonía de horas. ¿Será eso justicia?
Según el Washington Post, la semana pasada la ejecución de un reo en Arizona se prolongó casi dos horas. ¡Dos horas! Durante esos minutos el hombre boqueaba, se retorcía, jalaba aire, se convulsionaba y la muerte no aparecía. El interno Joseph Rudolph Wood, sentenciado por el delito de asesinato, falleció una hora y 57 minutos después de que se le suministrará la inyección letal. Me pregunto, ¿es esa una forma civilizada de ejercer la justicia?
Durante la ejecución, los abogados de Wood interpusieron una apelación de emergencia ante una corte federal en la que exigían la suspensión inmediata de procedimiento ya que su cliente estuvo “jadeando y resoplando durante más de una hora”. No obstante la propia Gobernadora de Arizona insistió en que el recluso falleció de una manera legal y “con testigos presenciales e informes médicos que acreditan que no sufrió”. ¿Cómo de que no?
No me imagino lo que la Gobernadora clasificara de sufrimiento si piensa que morir así no es padecer. Por lo pronto las ejecuciones en el estado de Arizona se han suspendido, ojalá la medida fuera permanente. Ojalá que la pena de muerte no fuera una forma de administrar justicia.
El laboratorio que producía anteriormente la inyección que se aplicaba a los condenados a muerte se rehusa a seguir fabricándola. Declararon que un laboratorio farmacéutico debe ver por la vida, no generar la muerte. Pero, como siempre sucede, alguien aprovechó el hueco e intentó proporcionar el mismo servicio. Lo malo es que el producto que ofrecen provoca la muerte de reo en forma lenta y poco tranquila. A pesar de lo que diga la Gobernadora, la nueva inyección causa una muerte cruel, lenta y dolorosa, con sufrimiento.
La pena de muerte en Arizona se ha suspendido en tanto se investiga lo que sucede con la inyección. Esperemos que sea de forma permanente. Si las autoridades quieren seguir matando reos, ojalá que el nuevo laboratorio que tenga consciencia y haga lo que el anterior. Especialmente cuando el producto que fabrican no les sale bien, es de tan mala calidad y con efectos secundarios tan terribles.

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