Jueves pozolero

Por fin es jueves y si estás en Acapulco eso quiere decir que llegó el día pozolero. La tradición marca que llegada la hora de la comida llego también el momento del banquete y el festín. Será le festival de sabores y texturas que se despliega en la mesa para seducir los sentidos del comensal.
Pero, ¡cuidado! El jueves pozolero sigue un rito especial, con pasos y etapas específicas que se deben respetar para disfrutar en serio.
Lo primero que hay que hacer para abrir el apetito y forjar al estómago es tomarse un amargo. El amargo es el mezcal de la región de Guerrero, un alcohol fuerte que sirve como liquido bautismal y umbral necesario para abrir puertas. En la etiqueta ceremonial se dice que después del primer trago, los espíritus propiciatorios arreglan el cuerpo para recibir lo que sigue. Por eso, mientras más largo sea el trago, mejor.
En seguida llegan las botanas, un desfile de antojitos guerrerenses de la mejor factura. Taquitos dorados, tamalitos de frijol, cazuelitas de carne deshebrada, chilitos jalapeños rellenos de atún, tostaditas de tinga, sopecitos, pedacitos de queso fresco y miles de delicias que han de ser en diminutivo. Es preciso que la probadita sea pequeña para alcanzar a comer de todo. El pozolero experimentado es prudente, no se avalanza sobre los primeros platos. Se sirve, pero poquito, para llegar a la meta habiendo saboreado todo.
Por fin llega el momento estelar. El rey de la tarde se abre camino y entra en escena. El plato humeante trae el manjar bien caliente. Puede ser rojo, blanco o verde. En gustos se rompen géneros. Hay quien prefiere las maravillas del rojo, o los atrevidos que eligen el verde y mezclan la carne de cerdo con sardinas. A mí me gusta el blanco. Los afeites son de mil colores, rojo de rábanos y chile piquín, verde del orégano y la lechuga, ocre de las tostadas.
Pero lo que más me gusta del jueves pozolero es el ambiente festivo que propicia. Las platicas animadas que hay en las mesas, las carcajadas y los chistes, el pretexto de la reunión y de la convivencia es lo que más me gusta del jueves pozolero.
Las mesas del jueves pozolero son muy divertidas. Hoy la compartimos con mi prima Pily, con su hija que es la prima consentida de mis hijas y con sus amigas de La Piedad. Entre las platicas se mezclan las anécdotas de mi familia, con nuestros recuerdos de infancia y con las experiencias que ellas acaban de vivir en la playa. Risas y risas, gestos, caras sorprendidas y sonrisas enormes. El pasado remoto, el reciente, el de hace una hora forman el milagro del presente perfecto.
Por fin es jueves pozolero y si estás en Acapulco eso quiere decir que llegó el día de la fascinación que propicia el compartir el pan y la sal.

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