Lecturas de verano

¿Será cierto que las lecturas de verano son diferentes a las que se hacen en otras épocas del año? Muchos opinan que sí. Piensan que al igual que la forma de vestir se aligera durante el verano, así también nos volvemos más indulgentes con los autores que elegimos para acompañarnos en la vacación. Hay quienes creen que no es igual leer bajo los rayos del sol que iluminados por el foco de la lampara de noche.
Puede que tengan razón, no es igual leer después de un día ajetreado, en las ultimas horas, con la mente poblada de cotidianidad que tener un libro y todo el día por delante para recorrer sus renglones, pasar sus hojas e internarnos en su mundo.
Sin embargo, la buena disposición del lector no puede afectar, en modo alguno, la buena o mala escritura del autor. Es cierto que es muy agradable leer tendida sobre el pasto, al lado de la alberca, bañada por rayos de sol. Pero la calidad de un libro no varía por la actitud relajada que acompaña al ocio y a la diversión.
¿Será que Auster se eleva en invierno y Nabokov se aligera en los días estivales? No creo. Los sustantivos, verbos, puntos y comas están ahí lo mismo en Febrero que en Julio. De lo que sí estoy segura es de que el verano es un estupendo pretexto para leer de corrido y, en todo caso, hay más tiempo para disfrutar de esos mundos forjados con letras, para profundizar y para reflexionar. Es decir, no creo que lector habitual cambie sus rutinas o sus ritos, lo que se modifica es la intensidad de ellos, si acaso.
Hay quienes sostienen que el verano es el tiempo propicio para los libros ligeros, creo que el clima no logrará modificar los gustos ni transformar a los lectores. Lo que es bueno para invierno lo es para el verano y viceversa, creo yo.
En lo que la mayoría estamos de acuerdo es que una forma de aprovechar los días del verano es leyendo. En los días de vacaciones se ganan lectores, hay gente que regularmente no lee y aprovecha la temporada para hacerlo. Muchos estupendos lectores de hoy se forjaron experimentando en los días de ocio. Aquí la selección adquiere relevancia.
A mí siempre me pasa lo mismo, sobreestimo mi capacidad de lectura. Llevo más libros de los que puedo leer. Cada año es igual. No importa, siempre será así. Tal vez algún verano logre leer todo lo que creo. A lo mejor este verano sí logro acabar con la lista.
Ya metí mi selección a la maleta y estoy fascinada con lo que me espera:
Los elegidos para estas vacaciones son: Donna Tart (The Golddinch), Banana Yoshimoto (Kitchen), Guillaume Musso (Parce que je t’aime), Orán Pamuk (Ensayos) Inés Arredondo (La señal) y Salvador Novo (Joyas de la amistad).
The New Yorker ya publicó su lista de lecturas para el verano, USA Today y el País también.
Cada lista es diferente, no hay parámetros ni tendencias más que el gusto de quien recomienda. Todo cabe en la canasta de libros para el verano, novelas negras, thriller psicológicos, romances, crónicas de viaje, biografías, novelas históricas o lo que sea. Novedades o clásicos. Autores nacionales y extranjeros. Lo que no cabe es el esnobismo que propone que una elección es mejor que la otra. Todas son buenas porque son puertas para entrar a mundos fantásticos.

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