La Bestia

No siempre viajar en tren es agradable. No todos los ferrocarriles son el Orient Express, ni el recorrido cumple con los requisitos de comodidad del vagón de primera clase. Hay viajes que no son de placer, aunque se emprendan con la ilusión más grande.
La Bestia es el nombre con el que se conoce al tren de carga que recorre las vías desde el sur de la República Mexicana hasta la frontera norte. Fue diseñado para transportar mercancías, sin embargo, también transporta humanos.
Las condiciones del viaje son infrahumanas. Hombres, mujeres y niños se trepan a los techos de contenedores y recorren el camino a la intemperie, expuestos a las condiciones climáticas de frío, calor, lluvia o rayos de sol, según se vaya presentando. No se expide boleto pero hay que pagar tarifas que inician en el rango de los cien dólares y se cobran según le parezca al criminal en turno. La extorsión y el mal trato encuentran su máxima expresión en los techos de La Bestia.
Si no pagas o si no te alcanza para cubrir la tarifa, corres el riesgo de que te bajen a empujones mientras el tren avanza para que seas devorado por sus ruedas. Puedes perder lo mismo un brazo que una pierna o la vida misma. Pero la ilusión de llegar a la frontera y cruzar a los Estados Unidos para conseguir trabajo hace que todo el esfuerzo cobre significado. De todas formas ya se sabe que por aquí la vida no vale nada, lo malo es que mientras estés vivo hay que pagar la tarifa, si no, ya sabes.
La Bestia es una vergüenza de corrupción y negligencia de las autoridades ferroviarias, diplomáticas, migratorias y policiacas mexicanas. Pareciera que ese ferrocarril fuera un tren fantasma que nadie ve, que sobre sus techos no fueran cientos de migrantes exponiendo la vida, pagando cantidades absurdas a extorsionadores y criminales, muchos de las cuales tienen uniformes oficiales del Gobierno Mexicano.
¿Quién deja subir a tanta gente a los techos de La Bestia? ¿Quién cobra? ¿Qué autoridad se hace responsable? Parece que esas respuestas también están llenas de fantasmas. El Secretario de Relaciones Exteriores le avienta la bolita al de Comunicaciones y Transporte mientras el Presidente de la República presume urbi et orbi las leyes de telecomunicación aprobadas por el Congreso.
Nadie ve, nadie sabe de las madres que viajan con bebés en los brazos, agarradas hasta con los dientes para no caerse del tren, ni de los niños que viajan sin compañía que buscan reunirse con sus padres, ni de los muchachos que se vuelven hombres a fuerza de sobrevivir el maltrato, que llegan a la frontera con caras de ancianos a pesar de tener menos de quince años.
Dice Miguel Angel Osorio, Secretario de Gobernación, que se va a prohibir que la gente viaje en los techos de La Bestia, ¿qué no estaba prohibido? ¿Será que los migrantes estaban esperando esta declaración tan atinada para dejar de ir en busca del sueño americano? ¿Se pueden parar los flujos migratorios por decreto?
Me parece que no, pero sí creo que es una buena noticia que alguien ponga la mirada en La Bestia y manos a la obra para acabar con una práctica terrible de lesa humanidad. Ojalá y así sea.

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