Culpa de los padres

Me pregunto qué pensará la madre de Héctor Alejandro Méndez Ramírez, cuando escucha las declaraciones del Secretario de Gobernación o del Jefe de Gobierno con respecto al bullying. ¿Qué sentirá una mujer que por la mañana despide a su hijo, lo manda a la escuela y se lo regresan casi muerto, cuando se entera que Emilio Chuayfett y Miguel Ángel Mancera dicen que los responsables del bullying son los padres de familia? Me pongo en el lugar de los padres de este niño que murió por los golpes de sus compañeros y porque una maestra no fue capaz de parar el abuso a tiempo. ¿Qué podrían haber hecho estos padres?
Cada mañana, millones de padres de familia confiamos la educación y la seguridad de nuestros hijos a una institución educativa que debe hacerse responsable de la academia y de la integridad física y psicológica de sus estudiantes. Muchos hasta pagamos por eso.
Es verdad, los padres debemos estar presentes y al pendiente de nuestra parte en la formación de nuestros niños. Sin embargo, creo firmemente en el trabajo en equipo que se debe hacer y en los puentes de comunicación que debe haber entre la escuela y la casa.
Aquí nadie debe sacarle las manos al asunto.
Cada quien debe cumplir a cabalidad con su tramo de responsabilidad. Aventarle la culpa a los padres de lo que sucede en las escuelas me parece negligente. Dejar a la escuela sola, también. Me cuesta trabajo escuchar las declaraciones de las autoridades porque me parece que se lavan las manos, como de costumbre.
Maestros desbordados, autoridades permisivas, niños agresivos, padres distraídos suena a una pésima combinación. Pero abrir la boca sin hacer nada, no se vale. Tengo una propuesta.
¿Y si cada quién hacemos lo que nos toca? Los padres debemos desalentar la violencia y acercarnos a nuestros hijos, hablar y enteramos de lo que sucede en sus vidas. La escuela debe propiciar ambientes cordiales y los maestros deben asegurarse de que así sea. Si algo se sale de orden, hay que comunicar. Muchos padres, especialmente de adolescentes no saben lo que sucede con sus hijos, no porque no estén al cuidado sino porque ellos se portan de una forma en casa y de otra fuera de ella. No hay que asustarse, así es la naturaleza humana.
Si algo anda mal en la escuela, la casa debe apoyar y corregir. Lo mismo debe suceder en ambas vías. Pero si los colegios no informan, los maestros se distraen o no quieren meter las manos, los padres seguramente no nos enteraremos. Por eso pasan las tragedias como la de Tamaulipas con Héctor Alejandro que por desgracia quedará como un estigma.
Me parece injusto culpar a los padres por el bullying. Especialmente cuando los abusos suceden en presencia de autoridades escolares, en terrenos en los que ni padres ni madres están presentes. Estamos en mal camino si buscamos a quién echarle la culpa del bullying en vez de ocuparnos en encontrar caminos de solución. ¿Y las víctimas?
Si las partes interesadas se avientan la bolita ¿quién protege a las víctimas?

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