El problema del PAN

El Partido Acción Nacional se transformó y el cambio no fue bueno. El partido que fue oposición mesurada y propositiva, que sabía decir que no argumentando y que apoyaba al partido gobernante cuando consideraba que era lo correcto, se esfumó.
Las figuras equilibradas como Luis H. Alvarez se han apagado ante las necesidades de reflectores de los nuevos militantes. Castillo Peraza se volvería a morir de ver el cochinero que quedó después de que el PAN fue el partido en el poder. La letras de oro de Gómez Morín se opacan en vista de la transformacion del partido que él fundó.
Hoy los dimes y diretes de las luchas dentro del partido nos recuerdan más a las tribus del PRD que los panistas tanto criticaron. Cayeron bajo: moches, fiestas descaradas en lugares destinados al servicio de la Nación, gastos personales que corrieron a costa del contribuyente, borracheras a cuenta del erario público. El partido que hace veinte años era una institución seria y correcta devino en una cueva de frivolidades.
El lenguaje decayó, las propuestas involucionaron, la corrupción avanzó y el dinero mal habido se convirtió en una tentación insalvable. La vida política, ya se sabe, es una carrera con obstáculos, el que sepa sortearlos llegará a la meta. El que aprenda a sortearlos con gracia ganará respeto. Antes, la gente del PAN sabia sortear el camino con elegancia. Tal vez se les acusaba de mochos, de rígidos, de excesivamente planchados y almidonados y era cierto. Yo prefiero a esos engominados que batallaban dando ideas y haciendo propuestas que a los bocafloja que se dan hasta con la cubeta para llegar a la dirigencia del partido.
Un partido que solapa la corrupción, que propicia las malas prácticas, que tolera los cochupos no es PAN que Clouthier se imaginó, ni el que llevó a Vicente Fox al poder. Fue una oposición que ganó en las urnas su lugar en Los Pinos, no por tener un candidato de vocabulario florido y modos de rancho que nos cayó bien. Fue porque creímos en que ese candidato estaría respaldado por la calidad moral de un partido probo. La historia se encargó de demostrarnos que de lo bueno de ese partido no brillaron los mejores.
El panismo le quedó a deber a México. Los votantes le entregaron el tesoro de la transición en las urnas y miren nada más el reguero que dejaron. Los mexicanos estamos hartos de ver políticos corruptos, cínicos y voraces. De ver a gente que no tiene los tamaños para ser candidatos a puestos de elección popular y sin ningún tipo de mérito pero, ahí están. Estamos hartos de ver muchachitos perfumados que no saben hablar pero sí saben robar, de ver chicas sentadas en su curul viéndose al espejo, pintándose la boca o jugando con su celular de última generación mientras se vota el futuro de la nación.
Estamos hasta la coronilla de asambleístas, diputados y senadores autocomplacientes que nos hacen pagan sus facturas de tintorería, de enjuagues bucales, de cajas de vinos, sus lentes y demás afeites tan necesarios para el progreso de la nación. Y que ademas roban a manos llenas sin haber leído el ideario de su partido. Muchos ni siquiera saben quién era Manuel Gómez Morín.
Y, claro, es verdad que ese tipo de infecciones no son exclusivas del PAN, existen en todos lados. El problema del Partido Acción Nacional es que esperábamos más y nos quedó a deber.

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