San Juan Pablo II

Hace tiempo, cuando el papa Benedicto XVI tenía poco más de tres meses siendo el Vicario de Cristo, platiqué con la hermana encargada de la tienda de recuerdos del Vaticano, esa que está en el mismo edificio de la Basílica de San Pedro.
Me llamó la atención que la mayoría de los recuerdos que ahí se vendían eran fotografías de Juan Pablo II con el nuevo papa. Como si. se tratara de evidenciar que había una entrega de estafeta. El Vaticano se siente muy solo sin el papa, me dijo la monjita. Me lo dijo con profunda tristeza, como si no hubiera un papa actuante.
Juan Pablo II fue un hombre muy querido por la grey católica. Se sorprendió al ser elegido Sumo Pontífice y con él, el mundo también se asombró. De inmediato marcó su reinado con hechos inusitados. Mandó construir una alberca en el patio de atrás de su nueva casa. Sí, los curas hacen ejercicio, sonríen, son poetas y les gusta estar cerca. Como uno de sus primeros actos de gobierno decidió viajar a un país que no tenía relaciones diplomáticas con el Vaticano y se maravilló con las manifestaciones de cariño de un pueblo fervoroso a más no poder.Los viajes serían la marca de identidad de su gestión. México una marca en su corazón.
Evidentemente, no todo fue miel sobre hojuelas. Sufrió un atentado que lo ató permanentemente al dolor. A partir de que Ali Agka le disparara mientras Juan Pablo II recorría la Plaza de San Pedro, el papa vivió adolorido. El dolor, aunque los católicos creemos que es un medio de purificación, no es una compañía estimulante. Tomar decisiones cuando te duele todo es sumamente complicado.
Así Juan Pablo II siguió viajando. Hizo historia al coadyuvar en la caída del muro de Berlín y al entrar a la cárcel a rezar con el terrorista que le cambió la vida. Sin embargo, el dolor fue su eterno acompañante.
Muchos lo critican, y tal vez tengan razón. Es posible que este papa haya conocido de las atrocidades de Marcial Maciel. Su pontificado está manchado por las lágrimas de las víctimas de este ser oscuro. Pero él no fue el ser oscuro. No fue Juan Pablo II quién cometió los delitos. Sí, ya se que tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata. Sin embargo, creo que el papa ya estaba tan viejito que no tuvo fuerzas para jalarle la pata a nadie. Al final de sus días era un hombre muy enfermo y con mucho dolor.
Este hecho, que muchos pasan por alto, es lo que finalmente hizo que la balanza quedara a favor de su beatificación y posterior canonización. La oscuridad de Maciel era suya, no de otros. La perversidad de tantos, la avaricia y la codicia que se enraizó en el centro de la Iglesia Católica debe de manchar únicamente a los horribles sujetos de las monstruosidades. Sería injusto embarrar a los que con buena voluntad sí han buscado el Reino de Dios. No únicamente Juan Pablo II, muchos sacerdotes que con su quehacer cotidiano llevan amor y consuelo. No es justo pedir la sangre de justos por los hechos de los malditos. No es bueno pedir que paguen justos por pecadores.
Hoy, en los altares hay dos nuevos santos. Los méritos de ambos les merecen el honor de estar ahí. Los católicos, en la mayoría estamos contentos y esperanzados.
Sí, esperamos que Francisco haga la limpieza que la casa requiere y las reconstrucciones que urgen. No hay mucho tiempo.

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