Papas parecidos

Juan XXIII y Francisco son papas parecidos. La gente se empeña en señalar las semejanzas físicas que no son las más importantes. Las similitudes empiezan por la avanzada edad en el momento en que fueron elegidos como cabezas de la Iglesia Católica, ambos tenían setenta y siete años. Sin embargo, gracias a su vitalidad, a sus rostros sonrientes, a la creatividad en su gestión y a su gran capacidad para responder a los retos con gestos humanos, a ninguno de ambos se les notó la avanzada edad.
Ambos papas gustan de mantener un canal de comunicación cercano con los fieles, rompen el protocolo frecuentemente y se alejan de la rigidez de sus antecesores. Juan XXIII fue mucho más cálido que Pío XII y la sencillez de Francisco contrasta con el amor por el protocolo de Benedicto XVI. Hasta ahí, las comparaciones atestiguan estilos muy similares de conducirse como líderes y como pastores.
Ambos tienen una visión amorosa de Dios. Para ellos es de mayor importancia el lado misericordioso del Altísimo que el aspecto de un poderoso justiciero. Sitúan al Amor por encima de la justicia. Tienen la vista puesta en el cielo no en el infierno.
En diciembre de 1958, como uno de los primeros actos de su pontificado el papa visitó la cárcel de Regina Coeli. Ahí, para escándalo de muchos, el Sumo Pontífice, se comportó más que como un príncipe de la Iglesia, como el verdadero Vicario de Cristo: abrazó a un asesino cuando éste le preguntó sí había perdón para él.
Francisco tampoco ha dejado de sorprender. Desde que dejó Buenos Aires y fue elegido papa, vive fuera de los departamentos vaticanos, lejos del lujo y la rigidez protocolaria. No ha tenido empacho en levantar la mano contra obispos corruptos, en cesar a los que no llevan una vida evangélica, y no tiene miedo de la curia poderosa. Quiere poner la casa en orden. No le da la vuelta a temas tan espinosos como la exclusión de la comunión eucarística a los católicos divorciados y vueltos a casar o su opinión sobre los homosexuales.
El mayor parecido, sin embargo, es la circunstancia que les tocó vivir. Es esa vocación reformadora del cristianismo. Juan XXIII era consciente del gran consuelo que la Humanidad buscaba en la Iglesia. Los católicos no merecían una institución fuera de tiempo. Francisco parece compartir la visión que su antecesor tuvo hace más de cincuenta años.
Ambos papas sabían de la importancia de los tiempos. Se ha perdido tiempo. La Iglesia ha involucionado y ha desamparado a muchos de sus más pequeños, ha dejado de ver a los más pobres. No toda la Iglesia, eso es obvio. Sería una terrible falta a la justicia no reconocer el trabajo de los que sí se han comprometido con los más necesitados. Pero muchos de sus jerarcas se han dejado tentar y han caído al lado oscuro.
Francisco puede y da evidencias de que quiere retomar el rumbo señalado por el Papa Bueno. Sea en esta canonización que nuestro actual papa encuentre los bríos con los que Juan XXIII abordó con tanto acierto los retos de la historia. Quiera Dios que sean papas parecidos.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. marisolgomezg
    Abr 27, 2014 @ 10:03:12

    Muy bueno y que buena comparación felicidades amiga

    Responder

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