Gabriel García Márquez (in memoriam)

Escribir para que me quieran mis amigos, dijo Gabriel García Márquez. ¿Habrá alguien que al pasar los ojos por los renglones fruto de su pluma que no haya caído arrobado por sus letras? No lo creo.
El primer autor de adeveras que leí fue a García Márquez y el amor por las letras brotó. Fue una tarea de la escuela y tuve que leer en las vacaciones de Semana Santa los cuentos de La cándida Erendira y su abuela la desalmada. No fue difícil caer seducida por esta autor. La desconstrucción de las oraciones, la descompostura de la estructura, el uso adecuado de los adjetivos, el capricho del punto y de la coma, la construcción de un mundo cuya semilla es el comienzo de todo bien y de todo mal , como Macondo. Recoger la realidad y transformarla en poema de las cosas misteriosas. Fue también en Semana Santa que leí El otoño del patriarca. El dominio absoluto de la prosa. El encaprichamiento del tiempo dominado por su mano.
Atestiguamos la partida de un clásico y de un hombre cotidiano que vivió entre nosotros. Sabemos quién es Aureliano Buendía, y que Remedios, La Bella, se elevó por los aires y desapareció para siempre. Sabemos del viento de la desgracia que voló sobre Erendira y lo desalmado de su abuela o del Amor en los tiempos de cólera. El gran creador latinoamericano. Un autor que entró en nuestra intimidad. Inevitablemente, lo seguirá haciendo, para nuestra suerte.
Gabriel García Márquez hizo que los ojos de Europa y del mundo se volvieran a América. Sí, a América Latina. A la que habla en español. Escribir con máquina de teclas. Enviar el único manuscrito por correo. Nacer del periodismo. Creer en la prensa escrita. Dominar la crónica, el ensayo, la novela. Hacer el tiempo elástico. Todo eso viene de la pluma prodigiosa del autor que creyó que un malentendido semántico lo llevó a recibir honores. Así es la humildad.
Te vas, Gabriel, en abril. No podría ser en otro mes. Fue el mismo en el que se fue Sor Juana. En el que partieron Cervantes y Shakespeare. El gran cariño que el hombre que escribió para que sus amigos los quisieran es independiente de la grandeza de tu escritura.
El mundo no volverá a ser igual después de Cien años de soledad, después de recibir el Nobel en pijama. ¿Quién alcanzará la solidez del castellano que tu escalaste?
La dignidad del que es tan grande.
Tan entrañable fuiste, me acompañaste con El olor a la guayaba, en los peores momentos de mi vida. En dos horas me hiciste entender el cambio de punto de vista de Crónica de una muerte anunciada y entendí que los sinsentidos de un hombre frente al paredón puede elevar la lengua y crear Literatura.
Tuve la suerte de habitar en el mundo en el que tú estuviste. Hoy empieza tu eternidad. Entras al cielo a ser abrazado por el que tanto te inspiró. Buen viaje, Gabriel.

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