La inspiración del Komander

La cancelación de los conciertos del Komander ha generado una serie de opiniones que me han llamado mucho la atención. Hay personas que están de acuerdo con las autoridades que decidieron no llevar a cabo los eventos y hay voces que piensan que esa es una postura equivocada. Incluso hay quienes hablan de un atentado en contra de la libertad de expresión.
Me sorprende la polémica y creo que en ella hace falta un punto de análisis.
La fuente de inspiración de un artista es algo sumamente personal, casi sagrado que nadie tiene autoridad para cuestionar. Para algunos la iluminación se nutre a partir de la imaginación, mientras para otros llega a partir de las experiencias vividas. Entre este espectro se mueve la creación, unos le dan más peso a la fantasía y otros prefieren reflejar con mayor precisión la realidad. En ese sentido, se puede opinar y se debe criticar la obra, es decir, se resaltarán sus cualidades estilísticas, se observarán sus carencias, incluso se podrá emitir la poco importante opinión de si me agrada o me desagrada, sin embargo, jamás se podrá poner el tela de juicio la fuente con la que se nutre inspiración de un autor. Hasta ahí concuerdo con quienes piensan que no es correcto callar al Komander o impedirle dar conciertos.
Pero, no podemos dejar de un lado el hecho de que a partir de la inspiración se crea lo que el artista quiere comunicar. Con la obra artística se tiende un puente entre el que expresa y el que aprecia. Es un acto de seducción o de provocación en la que se pretende tocar la sensibilidad. Así se arrancan lágrimas, se promueven las risas, se simula el asco, o la reflexión. Siempre existe una intención estética en la creación. Por eso, yo me pregunto cuál es la intención estética del Komander.
Cantarle al campo, a la vida agrícola, al tema del cultivo no es una novedad. El tema bucólico es milenario. Referirse a las diferencias sociales tampoco llama al escándalo, hacer un panegírico de actividades delictivas queda en el campo de la expresión autoral. Sin embargo, en este tema la intención es lo que cuenta. Aquí la autoridad tiene voz y es preciso que actúe.
Si en los conciertos hay armas, si se incita a la violencia, si los cantantes invitan al desorden, si al subir al escenario se portan metralletas de uso exclusivo del ejército ya nos salimos del ámbito artístico. Estamos en otro terreno. Se extralimita el espacio estético y tocamos el ámbito de seguridad. En ese sentido, la autoridad tiene razón en evitar estas expresiones.
Recuerdo un ejemplo que me ponía el Padre Sanabria en la clase de estética. Decía: en una habitación en cuyos muros hay pinturas de Picasso y Braque hay también un hombre que morirá de hambre si no se traspasan los muros. La defensa por lo estético se debe subordinar a la defensa por lo humano. No debe haber duda en tirar los muros para alimentar al hombre y preservar su vida.
Aquí, con el Komander, no se trata de una censura estética, se trata de una defensa. Se trata de prevenir para no terminar llorando. En ese sentido, no se ve, ni se cuestiona la inspiración del cantante; se ve y se cuestiona la intención y lo que con ella se puede provocar.

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