El enemigo invisible

El ser humano tiene varios enemigos invisibles dependiendo de tema en cuestión. Todos hemos escuchado que la presión arterial alta es, en términos de salud, un peligro silencioso ya que casi no da signos de su presencia y cuando los da, a veces es demasiado tarde.
En economía, el enemigo invisible es la inflación desacelerada. Es ese adversario que provoca la pérdida del valor del dinero en forma lenta y sin escándalos. Poco a poco, los bienes elevan sus precios, despacito. Semana a semana se nota como la moneda que traemos en el bolsillo rinde menos y no alcanza para comprar lo que con anterioridad sí.
Los efectos son tan letales como los de esas inflaciones aceleradas, en las que los ahorros valían la mitad de un día para otro. Lo que pasa es que la velocidad de una generaba escándalos y el paso acompasado de la otra le ayuda a mimetizarse. Se esconde detrás de la cotidianidad y de otros problemas urgentes que ocupan la mente de las personas.
Sin embargo, de repente vemos que el desempleo y la inseguridad suben. Que la actividad económica se desacelera y que los billetes en la bolsa rinden menos. Nos enteramos que el nivel de endeudamiento en tarjetas de crédito se eleva y que los números de cartera vencida son muy altos.
Hoy, muchas familias mexicanas están viviendo de ese crédito de plástico que es súper caro y que es el único disponible. La deuda crece a mayor velocidad que el ingreso y se genera una burbuja que estallará tarde o temprano.
Pero, a pesar de la angustia la gente no lo nota. El enemigo invisible se los está comiendo a mordidas y, al no verlo, no se pone remedio. La inflación va creciendo día a día. Las cosas cada día son más caras, las colegiaturas más elevadas, los bienes de consumo cuestan más, los servicios médicos salen en una fortuna. Las personas siguen gastando al mismo ritmo, piensan que ellos siguen ganando igual, que incluso reciben aumentos de sueldo. No se dan cuenta de que hay un enemigo invisible que los ataca y les quita parte de su ingreso.
Hay que tomar decisiones.
Para variar las medidas macroeconómicas tardan en bajar al nivel de los individuos. Tardan más cuando no hay medidas de ajuste. Ojo, en el horizonte no se ven medidas de corrección.
Hay que ser cautelosos. Para que este enemigo invisible haga menos daño, hay que aplicar continencia. Ser cuidadosos con los gastos. Revisar y actuar. Sí, es triste, pero hay que asumir que no se puede gastar tanto como en el pasado. Hay que ajustarse el cinturón.
Sí, es difícil. Especialmente cuando se ve el derroche con el que viven nuestros gobernantes. Sin embargo, hay que hacerlo. Es necesario poner manos a la obra, porque ellos, los que se gastan con voracidad el fruto de nuestros impuestos y que son los que deben de ponerle remedio a esta situación, andan muy ocupados gastando.
Hay que escuchar el aviso, antes de que estalle la burbuja y sea demasiado tarde.

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