¿Y las letras de oro? Homenaje a Octavio Paz

No cabe duda de que no hay muerto malo. Tal parece que cuando alguien cruza el umbral de la muerte se gana, en automático, las cualidades que en vida nadie le reconoció. Así sucede con todos, lo mismo con el Charifas que con el gran Hidalgo. Algo pasa que cuando se extingue la vida, también se acaban los defectos. Los efectos de la personalidad del muerto se vuelven beatíficos y es muy mal visto que alguien rememore sus defectos o se acuerde de las cosas que hizo mal.
Se ve peor que aquellos que lo criticaron cuando aún estaba vivito y coleando intenten decir algo.
Esta amnesia frente a la muerte y este celebrar las cualidades ignoradas es una seña muy peculiar que se exacerba en el carácter de los mexicanos con respecto a los que ya no están. Es especialmente exagerada cuando se trata de figuras que le dan honra a la Nación. Con mayor entusiasmo si el sujeto en cuestión fue un hombre de pensamiento claro, de bellas letras, crítico culto y además Premio Nobel de Literatura.
Hoy, todos celebramos a Octavio Paz. Lo elevamos a los pedestales del honor, lo alabamos y festejamos que hace cien años abrió los ojos en el seno de una familia mexicana que vivía en el ombligo del mundo. Hoy, nadie recuerda ni se quiere acordar de aquellos que lo criticaron, lo tacharon de neoliberal, de traidor de la izquierda, de defensor de la dictadura perfecta. Sí, en el día de su cumpleaños se llevó a cabo una sesión solemne en la Cámara de Diputados y muchos de los que entonces lo atacaron ahora lo alabaron por ser una mente brillante, un hombre plural, un mexicano máximo. Hoy todo son loas y elogios. La amnesia selectiva de algunos sujetos es inaudita. Hoy todos, propios y extraños se deshacen en aclamaciones. Muchos son los arribistas que aprovechan la oportunidad.
¿Y el recelo que despertó por sus comentarios? ¿Y las palabras airadas que se ganó por defender una economía más próxima a Keynes que a Marx? Sí, tal vez no debemos recordar esas cosas, opinan algunos. Sí, las palabras de un poeta hablan por él. Los renglones de crítica literaria, sus reflexiones en torno a la mexicanidad, el espacio que le dio en su obra a los migrantes, las traducciones y el trabajo de Octavio Paz le ganaron un lugar de honor. Su obra habla más y mejor que esos elogios desabridos de quienes ya olvidaron todas las quejas y reclamos que en sus días le hicieron.
Paz merece mejores elogios. Merecemos los mexicanos ver inscrito con letra de oro el nombre de quién fuera una de las mejores plumas que ha dado México y que le dio tanta gloria a la Literatura.
¿Dónde está la generosidad que le debemos a este nombre? ¿Para qué tanto discurso y palabra insulsa? Su nombre merece aparecer entre los grandes y ser escrito inscrito con letras de oro. ¿O, no?

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Mar 21, 2014 @ 13:26:50

    Solo haría falta conocer su obra…

    Responder

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