Fronteras

Hace veinte años nos dijeron que las fronteras se estaban desdibujando, que el mundo sería cada vez más global y que viviríamos en el privilegio de la libertad geográfica. El planeta se reorganizaría, nos dijeron, y lo relevante se centraría no en lo nacional si no en lo mundial, es más en lo universal. Esta nueva composición geográfica iniciaría con los temas comerciales, las mercancías gozarían de libre tránsito y las personas también. Después todos seríamos uno. Hermanados. Unidos.
Pero resultó que hay de fronteras a fronteras. Las diferencias fueron las principales aliadas de los globalifóbicos. Los detractores de la unión ganan posiciones. Claro. Hay líneas más gruesas que otras. No es lo mismo la frontera entre Noruega y Suecia que la que existe entre España y Francia. No es igual la línea divisoria entre Canadá y Estados Unidos que la que hay con México.
Hay fronteras que lo son más que otras. Hay puertas que siempre permanecerán cerradas a pesar de tratados de libre comercio, de buenas voluntades, de oficios diplomáticos y fotografías de primeros dignatarios.
El mundo no es igual desde Tijuana que desde San Diego, ni desde Ceuta que desde el desierto Africano o desde las playas de Lampedusa que sobre una piragua que flota sobre el Mediterráneo. Tampoco es igual Santo Domingo que Puerto Rico o que Cuba, por más que las similitudes sean tan grandes. A veces, pequeñas diferencias bastan.
Pero en términos de fronteras hay de todo. Como en botica hay variedades y extremos. Existen líneas candentes como las de Israel y Palestina, que a pesar de cohabitar territorios y de no quedar muy claro donde deben iniciar y terminar, son tan poderosas que han cobrado y siguen cobrando vidas. Hay otras que son tan movibles como los protagonistas de la historia han querido. Piensen en Estrasburgo, hoy es Francia pero hace algunos ayeres fue Alemania. La Historia nos hace ver la intermitencia de esa frontera, ahora francesa, ahora alemana, ahora francesa, ahora alemana.
Hay fronteras que quieren ser y se ve complicada su existencia. La dificultad se manifiesta. Así es para Cataluña y para el País Vasco. También para
Escocia o Quebec. Negociaciones, discursos, guerras, balas, bombas, destrucción muerte, lágrimas y desolación. Todo para fijar una raya. No cualquier raya, son líneas que hablan de individualidad, límites que dan Identidad.
En Crimea se vive una situación fronteriza parecida a la de Estrasburgo, es decir, hoy es parte de Rusia, mañana no. Ayer estuvo integrada a la Unión Soviética, después ya no. Ahora e parte del imperio Ruso, ahora no. Putin se revela como un hombre que no le tiene miedo a las amenazas de Estados Unidos, parece que le causa diversión estar provocando. Lo cierto es que el Señor Presidente tiene su agenda y no manifiesta ningún interés en lo que opine el mundo, ni temor ante las amenazas de Europa, ni de Obama, ni de la liga de naciones. Hace un referendúm y se anexa Crimea. Así de fácil.
Putin se ayuda de la historia y borra una frontera como quien corrige un trazo mal hecho en la clase de geometría. Las consecuencias no le son relevantes. Se acoge a la hipocresía de los que hoy lo critican. ¿Cómo escuchar a Estados Unidos si existe Siria? ¿Cómo hablar con Europa sin mirar al desierto Subsahariano? ¿Quién no tiene las manos llenas de lodo?
El sueño globalizador del mundo se tambalea, rechina y se ve difícil de ejecutar. Las diferencias entre los seres humanos parecen ser la causa reinante para que el sueño no se vuelva realidad. Cada quién defiende sus diferencias desde el privilegio y no permite que se traspasen ciertos límites, a menos que sus intereses así lo demanden.
Lo sabe Putin, lo sabe Obama, lo saben Merkel y Peña. Lo sabes tú y también lo sé yo.

20140317-065004.jpg

Anuncios

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danielo
    Mar 17, 2014 @ 15:34:10

    En el caso de Europa; yo me fijaría mejor en Escocia e Irlanda, en el caso del Reino Unido; o en el de los países vascos con España. Como señala, puntualmente; existen de fronteras a fronteras.

    Sobre el asunto de la Crimea: Los únicos puertos mediterráneos – atlánticos que tienen los rusos son: Yalta, Sebastopol, y Odesa ¿Pueden darse el lujo de perderlos?

    Está por publicarse un interesantísimo documental respecto a estas divisiones artificiosas bajo el título de “Muros”. Dirigido por Gregorio Rocha. Creo que vale una tarde de cine.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: