Geometría femenina

Parece que las formas son importantes en la mujer. Las líneas, todo tipo de líneas, en la geometría femenina son relevantes. Lo mismo si son rectas que redondas, firmes o desdibujadas cada raya viene cargada de información relevante y si somos observadores podremos conocer mucho de la identidad de cada dama en específico.
Existen cánones que hablan de la estética del cuerpo femenino según las líneas que lo conforman. Todas caben en en la geografía de la mujer, pero cada cosa debe estar en su lugar. No es lo mismo la redondez de los senos que la del vientre, ni las cuadriculas en el abdomen que en las mejillas. No es igual tener las piernas y los brazos marcados que las patas de gallo, ni resulta lo mismo tener pecas en la nariz que en las manos. O eso nos han hecho creer.
Por ello, hay muchas que deciden darle mayor redondez a sus pechos, definición al contorno del rostro y firmeza al cuello. En muchos casos los resultados son estupendos, sin embargo, conocemos los casos de terror en los que las cosas no salieron bien. Vemos chicas con caras de cera y viejas con boca en forma de guarache. Resultados poco estéticos.
La información de la geometría femenina nos revela mucho del carácter de la mujer. Nos dice quienes no se resignan a aceptar el avance del minutero. Nos cuenta de las adicciones por conservar un rostro lozano. Descorre el telón de los excesos por luchar contra el segundero. Por desgracia, el Photoshop no les ayuda en los terrenos de la vida real.
Vemos narices como triángulos diminutos, curvas aumentadas en los labios, óvalos alargados en los ojos, frentes sumamente lisas. Máscaras que se aproximan más al rostro de Dora Maar en un cuadro cubista de Picasso que al canon estético al que aspiran.
También descubrimos rostros como el de Jessica Lange que se siente cómoda en la piel madura. Se nota el cambio de geometría en su rostro y en su cuerpo. Ya no es aquella chica a la que King Kong le descubría el pecho tan redondo y tan firme del que Dino De Laurentis sólo hizo una toma rapidísima. La actriz de más de sesenta años es imagen de Marc Jacobs. Ya no es la mujer que abusó del botox y de la blafaroplastía. Se cubre los ojos con grandes lentes oscuros para ocultar los pecados del pasado. Muestra, sin pudor, los cilindros abultados de las venas en las manos, los surcos paralelos en la frente y las onduladas líneas que brotan de los labios. Hay que decir, en honor a la verdad, que no se necesita del retoque para que luzca fantástica.
Se le ve mejor así que con los labios aumentados y con los óvalos de los ojos alargados para difuminar el paso del tiempo. El exceso al disminuir o aumentar las formas hace padecer a las dueñas de los rostros y a los ojos de quienes las miran. El resultado de este juego de formas asustaría a la misma Mary Shelly y fascinaría al Dr. Frankenstein.
La geometría de Jessica Lange es estupenda. Luce soberbia, como cuando le mostró los pechos al gorila emblemático. Como cuando nos enseña que la belleza de las líneas femeninas se da a cualquier edad. Todas las formas caben en la figura femenina en todo tiempo. ¿O, no?

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