Los parquímetros en Coyoacán

A veces me da la impresión de que Coyoacán es un feudo controlado por unos cuantos que sólo ven por sus propios intereses, que tienen una visión tan elevada que les permite ver hasta la punta de la nariz y da ahí no pasan. Pienso que es así porque veo como esa Delegación y especialmente el Centro Histórico del barrio están en condiciones lamentables. Los parques están plagados de ratas, las banquetas están rotas, las alcantarillas no tienen tapas, hay obras clausuradas por todos lados, las paredes de muchas edificaciones están grafiteadas, los troncos de los árboles están llenos de chicles mascados y las esquinas sirven de basurero y de baño público.
Por sí fuera poco, las calles están tomadas por franeleros y vienevienes que instalan cubetas con cemento para apartar lugar y que terminen usar sí pagas la cuota que ellos fijan. La tarifa será tasada según el mejor criterio del sujeto en cuestión. Como te ven te tratan. Así está la cosa. Se ha tolerado tanto este tipo de prácticas que ya forman parte del paisaje colonial de la delegación.
Por fin, la autoridad despierta de su letargo, se da cuenta de que es su obligación imponer el orden. Analiza opciones y concluye, a partir de las experiencias positivas de Polanco, Condesa y Roma, que poner parquímetros es una buena solución y pone manos a la obra. ¡Pobres! No se dan cuenta de que están en el feudo sagrado de Coyoacán y que el Tlatoani desconocido no les dará la bendición.
Pues resulta que los vecinos protestan —qué raro— y salen a destruir los aparatos, a golpear policías, a rayar estructuras. Escucho las entrevistas que les hacen a estos personajes para enterarme de su opinión. Dicen que están en contra de que se coloquen los parquímetros porque afean el diseño colonial. Seguro prefieren los elegantes adefesios que ponen los franeleros para apartar lugar. Seguro esos sí se ven bien. Esos les encantan.
Luis Everaert, cronista de Coyoacán apoya la instalación de los parquímetros. Él y muchos vecinos de la Delegación piensan que está es una solución civilizada para ordenar las calles.
A mí me parece que gente que arranca estructuras, como las que dañaron las obras de la calle de Tata Vasco, de Pino, de Melchor Ocampo, no son otra cosa que vándalos. Sospecho que muchos de los que hacen eso ni siquiera viven en Coyoacán.
El INAH debería de darse una vuelta para ver la condición de la Delegación antes de apoyar la prohibición de parquímetros. No creo que ellos avalarán tanta estructura horrorosa con la que se apartan los estacionamientos. Sospecho que aquí hay otros intereses.
Insisto, no podemos engañarnos. Si un grupo de personas violenta a los albañiles que están trabajando en la colocación de los parquímetros, que provocan a granaderos, que prefieren la violencia que el diálogo, no merecen otro título que el de delincuentes. La gente decente debe hacerse escuchar de otra forma. Para eso son las palabras.

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