Fracaso

A nadie le gusta hablar del fracaso. Hay una especie de tabú, una cortina de humo con la que nos gusta vestir a la palabra. Parece como si al pronunciarla se estuviera formulando un conjuro, como si su sola mención obrara el hechizo de hacerlo presente. Tal vez por eso evitamos hablar de él, sin embargo, existe. Ignorarlo no es buena idea.
Pero nadie habla del fracaso, no existe una preparación para enfrentarlo; al evitarlo, lo elevamos al grado de misterio y por lo tanto es muy difícil de identificar lo que es y lo que no es un fracaso. Se habla de ello como de los fantasmas: por ahí se dice que hay quienes los han visto, se describen en forma imprecisa y hay algunos que no creen en ellos. Igual el fracaso, pero a diferencia de los fantasmas, el fracaso existe. Se le teme, nos saca sudores fríos, rechinar de dientes y temblores incontrolables. Pero nadie lo define. Por otro lado, se habla del éxito, y pasa lo mismo. Nadie sabe lo que es.
Fíjense si no, las principales universidades del país y del mundo educan para el éxito, sin tomar en cuenta el fracaso. Hacen promesas de que se revelará la fórmula del fulgor profesional, y bueno, no siempre es posible cumplir la promesa. Momento, no estoy diciendo que se deba educar para el fracaso, eso sería un contrasentido, pero sí es una obligación preparar para el fracaso.
Me explico, analicen los slogans de las instituciones educativas que aparecen en el escenario: Yo siempre alcanzo mis metas, Líderes de acción positiva, Aliados del triunfo , El arte del éxito, La llave de la superación. Sí, todo suena muy bonito. Todos entramos a los salones de clase en busca de las mejores alternativas de desarrollo para nosotros y los nuestros, pero el éxito no constituye la única posibilidad en el camino. Ver así la vida es sumamente infantil y fantasioso. El riesgo de que las cosas no salgan bien a la primera es muy alto. Educamos a jóvenes para administrar resultados felices, para vivir en la punta de los mejores resultados y les prometemos que al salir de las aulas estarán preparados para gestionar los puestos de mayor jerarquía o para emprender los negocios más entronizados, cuando la realidad es otra.
Luego, vemos a chicos que no aceptan oportunidades de trabajo, que prefieren el desempleo, muchachos que se van de bruces en un mundo sumamente complicado. No tienen tolerancia a la frustración. Se les ve confundidos, extrañados, sin la posibilidad de descifrar la realidad de que Bill Gates y Steve Jobs son garbanzos de a libra, en otras palabras, son extraordinarios. Se salen de lo común, por eso son casos de estudio. Mecano tenía razón, Nadie habla del Capitán Scott, y deberíamos.
Hablar de fracaso no significa otra cosa que desmitificarlo. Hay que definirlo para saberlo manejar. Hay que identificarlo para reconocerlo y saber en qué terrenos estamos pisando.
Fracaso es no cumplir con un estándar determinado, es presentar una insuficiencia para un resultado esperado, es no alcanzar la medida, el peso, la velocidad, la calificación, las ventas que se necesitan. Es decir, tenemos que parametrizarlo para poder jerarquizarlo.
Por eso me gusta el tenis. Hay un terreno de juego y reglas para participar. Hay parámetros para distinguir sí vas ganando o vas perdiendo. Existe una definición clara del momento en que ya ganaste o del que ya perdiste. Existe una clasificación del triunfo y del fracaso. No es lo mismo un marcador de 6/0, 6/0 a uno 6/3, 3/6, 6/4, o 6/4, 6/4. En el último caso, la pelea estuvo reñida, pero hubo siempre un escenario para el ganador y otro para el perdedor; hubo posibilidades de ganar, pero el contrincante hizo algo mejor, o hubo algunas cosas que se podrán afinar. En el segundo caso, hubo momentos ganadores y otros perdedores, hay que analizar las cosas buenas para repetirlas y las malas para evitarlas. En el primer caso siempre tocó perder, el análisis arroja que es mejor reflexionar porque no se estuvo al nivel del competidor. No se pudo dar batalla. También hay que revisar por qué se llegaron a esos números y tomar decisiones.
Un campeón entrena para triunfar pero está preparado para perder. Sabe que es imposible ganar todas, no se amarga con el fracaso. El error que comentemos los consultores, coaches, capacitadores, profesores, padres, formadores es que no hablamos del fracaso como posibilidad. Recuerdo que en mis clases de presupuestos planteábamos tres tipos de escenarios optimistas, conservadores e intermedios. Nunca presupuestábamos el fracaso. Eso ha tenido consecuencias terribles: emprendedores que no saben identificar cuando su proyecto fracasó, y siguen desperdiciando dinero y esfuerzos en algo que ya murió; personas frustradas que no saben analizar las razones que los llevaron a perder; gente estancada en la tristeza, huyendo de la palabra fracaso y hundida en él.
Ojo. Hay un secreto que no nos dijeron, aceptar el fracaso es bueno. Cuando entendemos que ya se cayó en ese escenario, podemos mover os de lugar; tenemos la posibilidad de empezar algo que sí vaya a fructificar.
Hay otro secreto que tampoco nos dijeron, el fracaso no es permanente. Tampoco es contagioso, ni mucho menos es una enfermedad incurable. Es al revés, una vez que lo identificamos, estamos en posibilidades de analizar lo que salió mal y corregirlo.
Por lo pronto, me hago cargo de esta falla y hablo del fracaso y de su manera de administrarlo. El fracaso no es un fantasma, ni un mito, ni una leyenda. El fracaso existe y la mejor manera de gestionarlo es ponerle parámetros, medirlo y a partir de ellos analizarlo. Meter la cabeza en un hoyo e intentar ignorarlo será la mejor forma de hundirse en él, de seguir tragando tierra, de quedarse como aquel que le tiene miedo al muerto y se abraza de la mortaja.

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6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mauro Castro
    Feb 19, 2014 @ 05:48:53

    Ce, cierto la palabra fracasó asusta , nos da miedo y viene la frustración, es doloroso, pero con esto se aprende, se vuelve a intenta volar o caminar, con otras estrategias y siempre para adelante, no darse por vencido, aunque es difícil, hay que volver a camina

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  2. Ibarrola Oyón
    Feb 19, 2014 @ 12:40:09

    Muy interesante

    Responder

  3. carmebarba2013
    Feb 23, 2014 @ 10:25:06

    Querida Cecilia,

    He leído con gusto esta entrada, y digo con gusto por el desasosiego que su lectura me ha ofrecido.
    El concepto fracaso tienen una connotación negativa, sí, pero es una sensación y por ello es un concepto subjetivo y también relativo, pues lo que yo puedo percibir como fracaso otro lo entenderá como derrota o quizás ni eso.
    Cierto es, Cecilia que “El riesgo de que las cosas no salgan bien a la primera es muy alto” y personalmente, acabo de asumirlo con mi primera novela. He acabado mi obra y esto es un éxito personal, pero no está lista para ser publicada y esto, yo lo percibo como un fracaso. Pero es un fracaso reversible, pues con la ayuda de los profesionales adecuados y de mi esfuerzo e ilusión, puedo conseguirla convertir en un éxito personal y ya también profesional.
    Leía hace poco: “Aprenda a amar sus derrotas, pues son las que le construirán. Son sus derrotas las que darán sabor a sus victorias.”
    Pues lo mismo con los fracasos.
    Beso, Cecilia y gracias por esta reflexión tan constructiva

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    • ceciliaduran
      Feb 23, 2014 @ 12:08:54

      Carmen, qué gusto lo de la novela. A eso me refiero, puede ser que nosotros tengamos en el horizonte pintada una raya muy alta para medir nuestros proyectos. Es difícil que al terminar un texto haya quedado bien a la primera. Sólo se concluyó la primera etapa. Ahora hay que corregir, pulir y dejar el texto listo para dejarlo listo. Un abrazo.

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