Amazing Bruno Mars

Del Superbowl que todos esperábamos, de la súper actuación de Payton Manning y en general del juego poco se puede decir. Fue una paliza. Los Broncos y su ofensiva quedaron apabullados ante una defensiva de Seattle que no dejó pasar nada, que se apropió de todos los balones que pudo —muchos se los entregaron en las manos— y que, sencillamente, fue mejor.
Ni qué comentar con respecto a Manning, en quién todos teníamos puestas nuestras seguridades, se le vió descuadernado, y no es para menos; empezar con un safety en su primera ofensiva no estaba dentro de los planes. Mal empieza la semana a quién ahorcan en lunes, debió pensar Peyton. No se pudo reponer de semejante descalabro. Basta ver el marcador 43-8 para entender que el juego fue poco entretenido; sorprendente en el sentido de que los que veíamos las jugadas no alcanzábamos a comprender lo que pasaba con el quarterback de los Broncos. Aburrido, sí.
Lo que estuvo maravilloso, lo que salvó la noche fue Bruno Mars en el espectáculo de medio tiempo. La energía con la que Mars salió al escenario dándonos una lección de lo que es darle duro a la batería, contrastaba con la falta de eficiencia de los Broncos. Era equivalente a la determinación de Seahawks de llevarse el tazón a casa. A Bruno se le veía feliz, con una sonrisa que le llenaba el rostro y nos contagió de inmediato. En medio de un despliegue tecnológico, Mars decidió vestirse al estilo Bandstand, con un saco dorado y peinado engominado. Entre la parafernalia de las luces la centella era él. Pero los brillos de Bruno no salían de su ropa, ni del contraste de la camisa negra y pajarita color de oro. Era su ritmo, esa mezcla de voz y pasos de baile lo que maravilló y despertó el entusiasmo de los que vimos el Superbowl.
Bruno Mars parecía una liga, los pies le giraban como resortes que se movían bajo las órdenes de una caja melódica que nunca dejó de exudar felicidad. Fue contagioso. Músicos bailando al son de un chico cuyo instrumento es la voz y el ritmazo su mejor seña de liderazgo.
El contraste entre Seahawks y Broncos es el mismo que hubo entre Mars y Red Hot Chili Peppers, verifiquen el marcador y verán a lo que me refiero.
Hasta ahí, Mars cumplía con suficiencia. Un showman que presenta un espectáculo genial. Buenos bailes, extraordinaria coordinación, manejo del escenario, generosidad al compartir con unos descamisados.
Sin embargo, lo asombroso sucedió cuando Mars se quedó solo en el escenario, sin integregrantes de su banda, sin nada. Él y su público en soledad. Escucharlo cantar Just the way you are hizo que valiera la pena ver el Superbowl.
The amazing Bruno Mars, eso es lo que es Peter Gene Hernández.

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