Mi iPad y yo

El iPad, este artilugio que tiene pocos años de vida, ha sido responsable de grandes cambios en la cotidianidad de las personas. En la mía desde luego, cambió hábitos y costumbres arraigados por años. También me ha creado nuevos. La quiero mucho.
Ahora hago las cosas de forma diferente y en muchos casos, se ha convertido en mi compañera inseparable. Es buena amiga. Al despertar y abrir los ojos, siento una gran necesidad de tenerla entre las manos. Así me entero del estado del tiempo y por lo tanto puedo pensar en lo que me voy a poner; me actualiza las citas y me dice dónde serán y cómo llegar, me organiza el día. Leo los encabezados de los periódicos que me interesan —lo siento, mi periódico favorito sigue siendo de papel, igual que mis libros—, en México y en el mundo. Así, se lo que sucede en París, Madrid, Berlín, Washington, Buenos Aires, Montevideo, contado por los locales. Me gusta enterarme de las cosas del diario que le llaman la atención a gente como yo pero que vive lejos. También leo todo tipo de revistas. Al finalizar el día me permite hacer un resumen y evaluación.
Escribo mi blog desde mi iPad, y aunque el speller me juega malas pasadas y me quita acentos y me pone letras, a veces me advierte de errores garrafales que escribí.
Juego con ella, tomo notas en ella, no pesa mucho, repito es una buena compañía. Hoy tengo un iPad Air, también tuve el primer modelo, las dos me encantan. Está conmigo para el ocio y para el trabajo.
Debo confesar que soy celosa con mi iPad, no la presto. Es mía y de nadie más. A veces, en ocasiones extraordinarias y después del protocolo necesario y de haber destrabado ciertas negociaciones, se la presto a Danny que es la única perseverante que logra solventar todos mis obstáculos.
El iPad… esta maravilla de la tecnología moderna ha vendido más de 170 millones de unidades desde que salió a la venta sólo algunos años atrás. Su éxito, que comprendo desde el alma, es contundente: El iPad y la tablet ocupan el segundo lugar en adopción de aparatos tecnológicos, el smartphone en primer lugar. Sin embargo, los primeros tiene una tasa de adopción aún más rápida que el smartphone en la misma etapa de su ciclo inicial. Según un estudio realizado por Pew Research Center, casi la mitad de todos los adultos estadounidenses con edad comprendida entre 33-44 años, tienen uno.
Muchos ven al iPad como un aparato apocalíptico que llevará a la industria impresa—revistas, libros, periódicos, a la destrucción—, yo no. Es verdad que hoy es más fácil para los que escribimos llegar a nuestro público meta, y que en muchas ocasiones ya no se necesita recurrir a un intermediario para que nos publiquen. Sin embargo, lo que sí creo es que el mundo impreso se va a sofisticar más, va a ser de mayor calidad y mucho más riguroso. Hasta eso es un punto más a favor de mi iPad. No va a destruir una industria, la va a mejorar.
Eso sí, a pesar de que amo a mi iPad, hay lugares a dónde no puede entrar. No va conmigo al baño, no puede pasar al comedor, se queda guardada si va en el coche y definitivamente se queda a un lado frente a una llamada por teléfono.
La quiero mucho, es buena y obediente, pero no sustituirá abrazos, besos, apapachos físicos, porque los virtuales no saben igual. El iPad, en términos de años de vida es una niña, aún nos falta mucho por ver de ella. Si así fue en sus primeros años, imaginen lo que queda por venir.

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