Calladitos se ven más bonitos

Por los diarios me entero de que el fin de semana asaltaron a Alfonso Navarrete Prida, Secretario del Trabajo y Previsión Social y antiguo Procurador de justicia del Estado de México. Con independencia del juicio a su equipo de seguridad personal, o al servicio de vigilancia de la plaza en dónde se perpetró el robo, de lo que estoy segura que el ladrón no supo a quién le estaba quitando el reloj. El buen ojo del ratero se centró en la marca y el valor de la joya que seguramente ya malbarató por ahí. Sin embargo, no estoy de acuerdo con las declaraciones del asaltado cuando afirma que se trató de un “incidente menor”.
No, caballero, no es un incidente menor. Se trata de un asalto a mano armada en una plaza de Polanco, zona exclusiva de la
Ciudad de México, en la que las familias salen a pasear y a distraerse. Navarrete no andaba en arrabales ni se metió en andurriales a horas inadecuadas, estaba entrando a un lugar sumamente concurrido y popular entre las clases altas de la sociedad mexicana. A eso hay que sumarle que el personaje principal, el asaltado, es nada menos que un integrante del gabinete en funciones del Presidente Peña. El antagonista, es decir, el asaltante se estará enterando de que en sus anales ya figura una víctima de tan alta envergadura. Se debe de sentir ofendido al enterarse de que su hazaña le parece un acto menor al Señor Secretario y en el fondo de su memoria emergerán la cara súper asustada y la mano temblorosa que le entregó el reloj sin resistencia.
Pero, al son de aquí no pasa nada, los funcionarios de primera línea del Gobierno Federal quieren tapar el sol con dedo. Igual pasa en Hidalgo, quemaron cinco tiendas de conveniencia y el Gobernador del Estado le dice a la prensa que fueron hechos aislados. Así le intentan restar importancia a lo que sucede en el país. La mala noticia es que un asalto, un incendio, armas designadas al uso exclusivo del ejército en manos de particulares y todo eso no son hechos menores, no son incidentes sin importancia.
Nuestros gobernantes piensan que nadando de muertito las cosas se disimulan, que minimizando la gravedad de las situaciones los alcances se mimetizan, pero no. En estos tiempos las cosas no se controlan por decreto presidencial ni se aplacan con golpes en el escritorio. El primer paso para solucionar los problemas es aceptarlos. Si no los vemos, ¿cómo los atacamos?
Pero mientras, el Secretario del Trabajo y el Gobernador de Hidalgo dicen que aquí no pasa nada y el subsecretario de Relaciones Exteriores, De Icaza, va alegremente por el mundo diciendo que el principal activo de México es la paz, el perídico español El País los desmiente dedicando sus ocho columnas al problemón que hay en Michoacán.
Está difícil tender una cortina de humo, disimular hoy no es tan fácil como antaño, basta un teclazo para poner en evidencia ante el mundo los dichos de cualquiera. Me parece que la gente en los distintos niveles de gobierno hacen muchos esfuerzos por tapar las cochinadas que hay en casa. Creo que en lugar de verse tan esforzados en aparentar lo que no es, deberían ponerse a limpiar el mugrero. Y, si no pueden o no quieren, mejor cierren la boquita. Pasarán menos vergüenzas. Sí. Calladitos se ven más bonitos.

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