Se nos complicó la cosa en Michoacán

Se nos complicó la cosa en Michoacán, la situación en Tierra Caliente está que arde y no es una metáfora, ni una forma de hablar, es la verdad. En pleno centro de Apatzingán un par de sujetos rociaron gasolina y le prendieron fuego a una farmacia. Las imágenes nos muestran las flamas que salen del local y a una persona armada y uniformada que lleva un chaleco antibalas con la insignia de la Policía Federal.
Es cierto, la complicación no apareció de un momento a otro, ni por generación espontánea. No hay sorpresas, la cosa se fue descomponiendo de poco a poco y aunque todos lo sabíamos, nadie se daba cuenta. Así como sucede en las mejores familias, en Michoacán se trató de tapar el sol con un dedo, las autoridades metían la cabeza en un hoyo con la esperanza de que los problemas desaparecieran, pero, como es evidente, eso no sucedió. Igualito que cuando en la sala de la casa hay un ropero a la mitad y en lugar de ponerlo en el sitio que le corresponde, todos lo rodean, así se trató el tema de los cobros de piso, de la gente portando armas de uso exclusivo del ejército, de siembras clandestinas, de lavado de dinero y de enriquecimiento ilícito. No nos hagamos los tontos, el ropero llevaba años a media sala.
El vacío de poder se revolvió con la ineficiencia. A Fausto Vallejo, el gobernador, se le ve distraído, tal vez asustado y con un dejo de incapacidad que casi se vuelve una seña de la personalidad su gestión. Los michoacanos ya no saben para donde voltear, las autodefensas reclaman su derecho a protegerse, dado que el Estado está fallando en ese rubro. La gente de bien ya no sabe para dónde hacerse. Corren atemorizados y se refugian sin tener la certeza de que su refugio les proporcionará resguardo.
Soldados y policías no le dan a la gente la seguridad que tanto reclaman. Los silbidos de las balas se escuchan afuera de las casas y ya no se sabe si son de los malos contra los buenos, de los buenos contra los malos o si es fuego amigo. Lo peor es que no queda claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. La confusión espanta.
Osorio Chong le da caderazo al gobernador Vallejo. El presidente Peña designa representante, es Alfredo Castillo del flamante comisionado para la Seguridad y el Desarrollo integral de Michoacán, pobre, le tocó desenredar el hilo. Fausto Vallejo exige apoyo para coordinarse, quiere que lo tomen en cuenta, no creo que tenga suerte, veo a los funcionarios federales tratando de discernir lo elemental, quiénes son los buenos y quiénes los malos. Entre tanto se busca dialogar con los grupos de las autodefensas. Desde Washington llega una amable oferta de mandar respaldos. El gobierno mexicano no ve con buenos ojos tan gentil propuesta.
Los michoacanos piden lo obvio, quieren paz, es decir, trabajar decentemente, ser productivos, caminar por la calle de la mano de sus hijos y pagar sus impuestos al que se debe, a nadie más y que los que infringen la ley se vayan, para dejar que la actividad productiva florezca y la vida tome cauce. Lo sencillo se vuelve difícil. La vida cotidiana se convirtió en una pesadilla cercana al delirio nocturno.
Pero en Michoacán hubo muchas complacencias. Grupos políticos en su afán de ganarse simpatías se aproximaron a quienes no debían, las malas amistades les enseñaron las garras y los colmillos y lo que antes les parecía una buena idea hoy los tiene en un rincón llorando de miedo. Primero andaban coqueteando con el monstruo y ahora ya les parece horrible.
Me duele Michoacán porque quiero a ese estado. De allá son mis padres, allí nació la mayor parte de mi familia, en esa tierra bendita vive mucha de mi gente y de mis amigos queridos. Allá jugué y pasé innumerables temporadas de vacaciones. Tengo recuerdos y experiencias maravillosas de lo que era pasear por la plaza, ver las puertas abiertas en todas las casas, de sentarse en los portales a tomar un café y ver como la armonía se sienta a tu lado. Por eso se que este desorden no empezó ayer. Nadie puede llamarse sorprendido. Claro, como sucede con un árbol que se dejó torcer, ahora enderezarlo va a costar. Nunca es tarde para retomar el rumbo y poner en orden lo que se salió de control. Los michoacanos quieren y merecen vivir en paz.

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