Paz

La palabra Paz ha sido tan sobada, tan mal usada, tan llevada y traída que parece que el ser humano ha olvidado su verdadero significado. Paz en su acepción más simple significa estar en una situación y relación mutua de quienes no están en guerra, es decir, no están enfrentados ni tienen riñas pendientes. Sin embargo, parece tan difícil de entender este estado de tranquilidad pública y quietud en contraposición a las pleitos generalizados, partes beligerantes o una la revolución. Pareciera que hemos olvidado lo que se siente vivir en tiempos de paz.
La cotidianidad nos enfrenta a noticias de conflictos bélicos en alguna parte del mundo, a leer en los diarios que algún loco sacó un arma y la disparó en un lugar público contra gente inocente, a saber que alguien fue golpeado por pensar diferente, que un niño fue víctima de violencia familiar, una mujer vive discriminación de género, un inmigrante fue molido a palos por buscar una vida mejor, un gay fue rechazado por serlo. Son tan frecuentes este tipo de noticias que ya no nos sorprenden, ese es el problema.
Ver normal lo que no está bien, habituarnos a la agresividad es el principal obstáculo para abrirle la puerta a la concordia. Si algún marciano nos viera desde el espacio pensaría que a los terrícolas no nos gusta vivir en armonía.
Por ello me gustaron las primeras palabras que el Papa Francisco envió a su grey ayer, no está mal empezar el año reflexionando en lo que el pontífice nos propone “Llegó la hora de parar el camino de la violencia ¿Qué está sucediendo en el corazón de los hombres? ¿Qué está sucediendo en el corazón de la humanidad?”, dijo a decenas de miles de personas en la Plaza de San Pedro el día en que la Iglesia Católica Romana conmemora el Día Mundial de la Paz.En su primer ángelus del año, Francisco habló desde la ventana del Palacio Apostólico que mira a la plaza San Pedro e hizo un apasionado llamado a la paz en su discurso de Año Nuevo, diciendo que el corazón de la humanidad parecía haberse extraviado y que muchas personas todavía eran indiferentes a la guerra, la violencia y la injusticia.y que los pontífices usan tradicionalmente para sus discursos.
Es difícil hablar de Paz, la gente está cansada de escuchar discursos sin que en realidad se haga nada. Organizaciones, mandatarios, diplomáticos, políticos la incluyen en sus temas y quedan muy mal parados por los pobres resultados que le ofrecen al mundo. Creo que para hablar de Paz es mejor hacerlo a nivel micro que macro. Es mejor verlo en singular que en plural. Es más efectivo empezar conmigo que con el de enfrente.
Golda Meyer, famosa primera ministra de Israel y mujer incansable en el tema de la Paz en Medio Oriente dijo que el día que el amor por nuestros hijos fuera mayor que nuestro odio, ese día habría paz. Suena facilísimo. Es verdad, los motivos que tenemos para odiar son personales, sin embargo su fundamento es cada día más frágil. Odiamos al conductor que va más lento o más rápido que nosotros, al tipo que nos ganó el asiento, al señor que no piensa como yo, al que tiene más éxito que yo, al que es diferente, al que me quita brillo, al vecino que me deja basura enfrente; tenemos tantas razones relevantes para el desprecio que no debería sorprendernos el nivel de violencia en que hemos atrapado al mundo.
Por supuesto, también está la indiferencia ante el que sufre. Esa manía cada vez más frecuente de volver la mirada a otro lado y hacernos los disimulados cuando alguien tiene un apuro. La solidaridad y la empatía se vuelven cada vez más extrañas y le dejamos mayores espacios a la guerra. Lo hacemos nosotros desde nuestra realidad diaria. Solitos nos ponemos el pie y le dejamos abierta la puerta a la violencia al negar nuestro consuelo.
Pero también queremos tranquilidad, calma y el imperio de la concordia. Anhelamos el sosiego de espíritu que da caminar sin tener miedo, nos gusta vivir en paz. Pues es tiempo de poner manos a la obra abriendo mayores espacios para la armonía que a las actitudes avinagradas. Sonreír en vez de mentar madres puede ser un buen comienzo. Para parar la violencia tengo que empezar yo.
Eso no significa que mi vecino dejará de hacer cosas que me molestan o que en automático vamos a erradicar el odio de nuestro entorno, no somos ingenuos. Eso significa que estaremos dando el primer paso y que tendremos que dar muchos. Es optar por morirnos de risa en vez de morirnos de coraje. Es desear el bien.
Para empezar el año con el pie derecho hay que reflexionar en primera persona en torno al amor al perdón y a la reconciliación. Aunque el tema parezca trillado, este es el mejor momento para pensar en serio en hacer la Paz.

20140102-084154.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: