La tragedia de Yakiri

Yakiri es una chica de veinte años que el nueve de diciembre caminaba por la colonia de Los Doctores a las ocho de la noche para reunirse con su novio. Un par de tipos, que iban en una motoneta, la empezaron a molestar. Ella, al parecer, ni caso les hizo. Pero uno de ellos se bajó de la moto, la amagó con un cuchillo, la subió al asiento de la moto y mientras uno manejaba el otro le ponía la navaja en la garganta. La llevaron a un hotel, la metieron en una habitación en un segundo piso. Uno de los tipos se fue y dejó a la chica sola con el otro, un sujeto de más de noventa kilos de peso y de un metro ochenta de estatura que se disponía a violarla.
Como sucede con las tragedias, los tiempos se confunden y los detalles se desdibujan. En un segundo caben miles de sucesos, especialmente si son feos. El hombre que la amagaba con una navaja de un momento a otro terminó con la garganta rebanada. Yakiri le enterró la navaja en el cuello y el agresor salió de la habitación derramando sangre a borbotones. Ella huyó, corriendo semidesnuda por la calle, pidiendo auxilio, hasta llegar a una nevería que está cerca del hotel. Ahí explicó lo que le había sucedido y pidió que le llamaran a la policía.
La rueda del tiempo giró vertiginosamente, Yakiri fue presentada ante el Ministerio Público y está acusada de homicidio calificado. ¿Qué pasó? ¿No era ella la víctima? ¿No la iban a violar? ¿No fue ella la lastimada? Pues la detuvieron y la llevaron a la cárcel de Santa Martha Acatitla. Sin lar esencia de un abogado, las autoridades le tomaron declaración tres veces. Cuando sus familiares llegaron para saber sobre la joven, dijeron que ya había caído en contradicciones. Pidieron ayuda a un familiar que es abogado civil para que llevara el caso; “se la comió el Ministerio Público”. Se ensució el caso.
Vamos a conceder que la historia de Yakiri es extraña. Me preguntó cómo alguien puede llegar al segundo piso de un hotel sin que nadie se de cuenta de que la chica va en contra de su voluntad. Peor, ¿cómo es posible que una muchacha salga semidesnuda de un hotel sin que nadie la auxilie? ¿Por qué fue a dar hasta una nevería en vez de pedir ayuda en la recepción del hotel? ¿Qué, a poco nadie se dio cuenta de que un tipo salió de ahí mientras se iba desangrando? ¿Serán ese tipo de escenas comunes en ese hotel? ¿Estarán ciegos y sordos los empleados de ese lugar? ¿Por qué Yakiri no pidió ayuda a la gente del hotel? ¿Será que no pudo, será que los agresores tienen ahí amigos que los ayudan con sus fechorías? ¡Quién sabe! También hay que considerar que el presunto violador resultó muerto. Mientras Yakiri corría a pedir ayuda, él llegó a su casa, a la vuelta del hotel y murió.i
Lo cierto es que frente a este tipo de eventos no hay quien tenga la sangre fría para actuar de forma racional. En estas circunstancias sí actúas de una forma: malo, si lo haces de otra: peor. Si Yakiri hubiera hecho lo lógico, la estarían acusando de calculadora, si corrió por las calles hasta encontrar ayuda, la verosimilitud se ve comprometida. En todo caso, estamos frente a un caso de una mujer que presuntamente iba a ser violada y que para variar, al momento de pedir ayuda, le salió el tiro por la culata. A pesar de que las fotografías y exámenes acreditan las cortaduras profundas, lesiones y graves heridas que sufrió Yakiri durante el ataque, y de que ella fue quien pidió ayuda, la policía la detuvo y la remitió a la cárcel, donde se encuentra actualmente. El caso, según los familiares de la chica, ha sido llevado con irregularidades. La detuvieron, la aislaron, le quitaron su celular, se lo devolvieron para que hiciera una llamada, pero no había señal para que pudiera hablar con nadie, su familia se enteró hasta el día siguiente de lo que le sucedía a Yakiri.
Esta historia es extraña, está llena de inconsistencias, de situaciones complicadas y difíciles de creer, pero hasta donde sé, en México todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Al menos eso dice la ley. Sí, la historia es extraña, sin duda. Por desgracia, lo que no nos sorprende es conocer de otro caso de irregularidades y malos manejos por parte de aquellos que procuran y administran la justicia.
No sé si Yakiri estuvo envuelta en un crimen pasional como lo suponen las autoridades que la consignaron o si como ella dice fue víctima de un violador. Lo que sí sé es que ella tiene derechos que le fueron negados. También sé que es obligación del Ministerio Público demostrar su culpabilidad y mientras tanto respetar su presunción de inocencia. No fue ni ha sido así. ¿Por qué no me sorprendo? Para variar, nos enfrentamos a otro caso en el que la evidencia está comprometida —el cadáver ya fue incinerado— y los medios ya han contaminado el criterio de la opinión pública. La presunción de inocencia está comprometida y muchos ya han apuntado el fiel de la balanza basados en criterios que tienen poco que ver con procesos objetivos de justicia.
Esa es la tragedia de Yakiri.

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