Entrar en Guanajuato

Guanajuato es una ciudad mágica que se envuelve entre misterios, mitos, leyendas, cuentos y cosas importantes. Es la cuna de Diego, de Jorges como Ibargüengoitia o Negrete, de gente de valor y altos ideales; el hogar de Las Momias del panteón o de las que salen a pasear por ahí. Casa de la Llorona que vaga preguntando por sus hijos. La ciudad es inspiradora por más de una razón que se revela en cada callejón, callejuela, balcón, templo o túnel. A mí me tocó el corazón desde que era pequeña. La he visitado muchas veces es diversas circunstancias, con mis padres, con mis hijas, con mi marido, con mis tías, con mi abuela; en temporada de Festival, por un din de semana, entre semana y siempre me ha arrancancado experiencias distintas. Siempre termino enamorada.
Hoy, me maravillo nuevamente con ella, tan señorial, tan elegante, tan llena de jóvenes estudiantes con ideas novedosas, tan plena de aromas a flores y de sonidos de campanas legendarias.. Es un oximorón, pues es antigua y muy moderna al mismo tiempo. Cada café, cada boutique, cada hotel que se albergan en construcciones ancestrales tiene conexión Wi fi gratuita y es sumamente fácil conectarse prácticamente desde cualquier lugar. Viva, como cuándo fue construida por los Chichimecas, imperial como en la época colonial. Típica: con sus estudiantinas y sus acordes de guitarras y mandolinas, con las campanas de cada una de sus iglesias y capillas. Maravillosa desde su catedral hasta los museos de culturas populares y de arte contemporáneo.
Pero esta visita ha sido más especial que otras. Después de haberla hecho escenario de mi novelaÚltima mirada no puedo más que verla diferente. La miro y se que he quedado en deuda. Me doy cuenta de la cantidad de licencias literarias que me tomé. Se me saltan los colores que le faltaron entrar a las páginas. Al mismo tiempo me siento más parte de ella. La creo más mía. Guanajuato y yo somos cómplices y eso me hace sonreír. Tenemos un enlace de tinta que no se borra.
Dejo un ejemplar de la novela en el Hotel San Diego para el señor Múñoz, el dueño y en la recepción lo hojean con curiosidad. Voy a visitar la farmacia frente al Ayuntamiento y me topo con el médico forense que me platicó de tantos casos que se quedaron para siempre en las páginas de la novela. El dueño me recibe con la misma amabilidad con la que me recibió hace dos años cuando estaba haciendo la investigación para poder escribir. Toma el libro entre sus manos y se sonríe con orgullo. Nos hacemos una fotografía. La sensación de que uno de tus personajes de está dando un abrazo es muy peculiar.
Recorro los pasos de Marina, la protagonista, veo la escalinata de la Universidad y sí, aunque siempre me ha gustado, ahora la siento más mía, me detengo frente las Monumento a La Paz y recuerdo y sonrío. Imagino que Francisco Riverol aparecerá en cualquier momento. Con discreción y de soslayo me vuelvo discretamente, no sea que se me aparezca el loco de la cuerda y me la enrede en el cuello. Me gana otra vez la sonrisa. También la risa. Los parroquianos me ven con sospechas.
Por ahí viene la estudiantina, en la terraza del Hotel Santa Fe se escuchan los acordes del mariachi que nos recuerda que La vida no vale nada o que El mariachi loco quiere bailar. El Teatro Juárez se ilumina y se constituye el rey de la noche, hasta el fondo y en la cima, como la mejor cereza del pastel, se ve la escultura del Pípila. Me fijo en el farol que alumbra el callejón entre el hotel San Diego y el templo. Luego sus campanadas. Aquí me siento segura, no existe la violencia, ni la amenaza a flor de piel. Es verdad, de cuando en cuando me encuentro algún soldado que sostiene un arma larga. Incluso ellos sonríen. Se sienten bien en esta ciudad minera.
La gente que abarrota El Jardín Unión me mira como sí estuviera loca cuando ven que me detengo en una esquina y grito a voz en cuello ¡gracias, Guanajuato! ¿Quién dijo que los escritores estamos cuerdos? Volveré y cada vez será más mía. Ahora entre ella y yo existe una relación entrañable, única y feliz. Me gusta esta sensación.
Entrar en Guanajuato en más de una dimensión y quedarse para siempre en ella puede ser el tema de una nueva leyenda que tal vez pueda quedar, como las otras, entre las baldosas de esta bella ciudad para que los viejos las puedan contar. Hubo una vez una escritora que vio a uno de sus personajes tomar forma de carne y hueso…

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