Al enemigo cerca

Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica dijo al final del discurso que pronunció el jueves para honrar a Nelson Mandela en ocasión de su muerte: ¡Bien vivido! Y sí, vaya que lo hizo bien pero qué trabajo le costó. Años de cárcel, separación física de los suyos, crueldad, injusticia, todo eso. Incluso el juicio de sus simpatizantes. Winnie, su primera esposa y compañera de lucha, fue una de sus principales críticas. Ni ella, ni muchos de los suyos estuvieron de acuerdo en que Mandela tendiera la mano en favor de los afrikaners. Lo tildaron de cobarde.
Pocos entendieron el valor que hace falta para tenderle la mano a los que en el pasado fueron sus enemigos. Muchos lo calificaron de timorato. Pero Mandela era un estratega y un hombre de estado. Sin embargo, describir así a este hombre sería negarle el tributo a su verdadera grandeza: Mandela fue un hombre que privilegió el perdón.
Madiba, como le dicen en Sudáfrica, quiso tener a sus enemigos cerca, no únicamente para tenerlos vigilados y controlados. No. Su proceder fue un verdadero acto de perdón que ayudó a que su patria no entrará en una guerra racial que le llenara las manos de sangre a negros y a blancos por igual.
El arzobispo Desmond Tutu piensa que los años que Mandela pasó encarcelado lo ayudaron a interiorizar y analizar el problema racial en Sudáfrica, lo ayudó a entender el punto de vista del diferente y a evitar aquello que derivara en crueles consecuencias. Mandela fijó su mirada en el mejor futuro para su nación y con ello logró sobrepasar la inmediatez del odio. Tuvo la capacidad de ver cómo lo veían sus detractores, entender por qué lo tildaban de terrorista y puso manos a la obra para sanar la cicatriz a pesar de sus propias llagas.
Madiba fue capaz de desoír las voces que hasta sus más cercanos le gritaban para iniciar el gran movimiento de venganza. Tuvo la fuerza para apagar la propia sed de revancha legítima, ¿quién no quiere ajustar cuentas después de enterrar a dos hijos?
No fue apocamiento, fue un acto de valor en el que prefirió opacar el odio en favor de un futuro menos racista. No le importaron las voces que lo llamaron traidor, débil o que le dieron la espalda. Él siempre estuvo a favor de la recuperación por medio del perdón. No es fácil callar los rencores. Es difícil ver que tu compañera de lucha te mira con ojos de desilusión y que ya no comparte tu punto de vista. Se necesita tener la valentía de un grande para continuar caminando con aplomo cuando seguramente la duda y las ganas de exigir justicia te queman en la piel.
Al enemigo cerca, pensó Mandela. Invitó a su celador a la ceremonia de toma de posesión cuando fue electo presidente, recibió junto con su antecesor, de Clerck, el premio Nobel de la Paz, extendió la mano en señal de reconciliación. Cerca, no para espiarlo, para conocer sus movimientos y controlar sus pensamientos. Cerca para instaurar una patria en la que negros y blancos pudieran convivir.
Lo logró. Mientras el presidente Zuma pronunciaba su discurso, hombres y mujeres blancos y negros se abrazaban, tristes de que Nelson Mandela hubiera muerto. ¡Bien vivido!, decía al concluir. ¿Cuantos de sus críticos podrán llevarse ese reconocimiento? ¿ Cuántos de los que lo creyeron cobarde podrán criticar hoy esa postura?
Mandela pudo haber optado por la venganza. Prefirió ser Paloma de paz. Hubiera sido justo pedir cuentas y ajustarse por tanta atrocidad. Pero decidió acercarse al enemigo. Dice Desmond Tutu que hoy todos sabemos bien que Mandela es un líder que será referencia por su proceder. Por esa sonrisa amplia y tan blanca. Por esa mirada puesta más allá de la inmediatez, por haberle dado valor a todas esas vidas de blancos y negros que se hubieran apagado en una guerra terrible y larga si él no hubiera construido un puente de perdón.
Al enemigo cerca, pensó Mandela, no para otra cosa, sino para darle un abrazo de reconciliación. Sí, Madiba, para eso hace falta valor. Por ello, Zuma tiene razón: ¡bien vivido!

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mauro Castro Domínguez
    Dic 09, 2013 @ 05:19:04

    Ce, admirable Mandela, supo perdonar y como dices , entendió los odios y miedos de su país, para equilibrar el futuro de Sudáfrica y como Ghandi, obtuvo La Paz.
    Un beso

    Responder

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