Evangelii Gaudium

A mí este Papa jesuita que eligió el nombre de Francisco me cae muy bien. Es un hombre inteligente y práctico que no se anda por las ramas. En su primer texto de gran calado —Evangelii Gaudium—, plantea una revolución en la Iglesia Católica. Propone democratizar la institución y replantear los valores humanos. Así, simple y sencillamente, sin mucho rebuscamiento, Su Santidad, le dice al mundo lo que ya todos sabíamos: las cosas en casa no andan bien. Pero no se queda ahí, está dispuesto a arreglarlas. Nada mal, ¿no?
Este Papa, se baja del cerro Vaticano y se prepara a arreglar las cosas para devolverle a la Iglesia la orientación que debe tener. “Me corresponde estar abierto a sugerencias que se dirijan a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización.” dice el Sumo Pontífice.
Así habla Francisco y con estas palabras reconoce dos cosas, una: la Iglesia se ha alejado de la doctrina de Cristo y dos la Iglesia se ha alejado de la grey de Cristo. Entonces, a la voz de reorientar y de acercar, el Papa toma el timón para redireccionar y aproximar. Ha llegado la hora de la refundación, menos poder a Roma, más voz a las Conferencias Episcopales. Más credibilidad de una Iglesia cuyos pastores estén más cerca y más del lado de los pobres. Menos monarquía y más pastoral. Sin disimulos, Francisco pide abiertamente una conversión del papado.
El Papa pide, ruega a Dios por una visión en la que la indiferencia por el marginado se cambie. Francisco quiere gente, políticos, curas, feligreses a los que les duela la verdad de la vida de los pobres. Personas que tiendan la mano y ayuden a los desprotegidos, a los enfermos, a los ancianos, a los analfabetas, a los que están al margen del privilegio. ¿Qué no debía ser así desde el principio? Es maravilloso ver que se retoma el rumbo.
Me cae bien este Papa que en su primer documento no se ocupa de cuestiones teologales, sino que aborda temas terrenales. Los ángeles y serafines del cielo deberán estar encantados de la vida, santos y potestades han de estar de pie aplaudiendo. ¿Qué nos importan las jerarquías celestiales sí nosotros vivimos en la Tierra? Es aquí y ahora lo que se debe de arreglar. El Papa lo sabe. Me encanta que hable de alegría y que titule su primer texto pontificio como La Alegría del Evangelio. La revolución que el Papa Francisco plantea ha de ser basada en los preceptos del Evangelio y por ello ha de ser gozosa. Me uno a los cánticos de festejo de los coros celestiales por tan acertadas decisiones terrenales.
No está nada mal el panorama que nos pinta el Pontífice. Nos habla de un compromiso de verdad, de ese que tomó al elegir el nombre de aquel originario de Asís al que el Cristo de la ermita de San Damián le pidió renovar la Iglesia. Pues, yo creo que a este Francisco no le pidieron renovarla,le pidieron refundarla y si por sus obras los conoceréis, parece que este Papa va en serio.
Sí, me cae bien un Papa serio que le añade a su compromiso un toque de alegría. Me gusta más un Papa que no se Andrés por las ramas, que quiere ser pastor y piedra del legado de Cristo.

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