Agua de baño (eau de toilet)

Hay pocas cosas tan gratificantes como iniciar el día haciendo ejercicio, meterse al vapor y al salir de la ducha, frotar el cuerpo con agua de baño. Mi abuela decía que la primera parte del maquillaje era siempre el aroma. Tiene razón. Las siluetas ultra femeninas, cuidadas que tienen todo en su lugar, los encajes llenos de misterio y glamour, los colores que evocan las noches parisinas, los oros y platas, los escarlatas de los labios, en fin todo se rompe con un mal olor.
Ninguna mujer se puede dar el lujo de oler mal. No hay mirada, ni piernas, ni pompas, ni pechos que aguanten un mal olor. Se podrá admirar la perfección de las formas pero el mal aroma desdibuja todo. En cambio una mujer que huele a limpio aumenta en automático su nivel de belleza, de percepción y de aceptación en el mundo.
Salir al mundo oliendo bien abre un abanico de posibilidades insospechadas. Aromatizarnos, sin mayor pretensión que sentirse limpia y oler rico es buena idea. Frotarse la piel con agua de colonia tiene un efecto revigorizante de amplio espectro. Es increíble lo poquito que se necesita para encontrar motivos de felicidad que se multiplican a lo largo del día. Las abuelas casi siempre tienen razón. Friccionar la nuca con un líquido fresco abre la puerta de las ideas. En el cuerpo, te hace sentir ligera, en otras partes, te hará sonreír.
También , esparcir un poco de agua de baño en tu espacio personal ayudará a que proyectes una identidad fresca. Te dará una seña de personalidad. La gente te recordará al estar en contacto con el aroma, aunque tú no estés ahí.
El olfato es uno de los sentidos más primitivos, pasa de la nariz al cerebro sin el tamiz de la reflexión. Por eso es tan efectivo. Es un gatillo que dispara imágenes, recuerdos y sensaciones mide forma instantánea. Con sabiduría, las mujeres de antes daban este tipo de consejos. Sólo que algunas veces la modernidad nos ciega y no nos permite ver la efectividad que tienen. Con soberbia decimos que son cosas del pasado, pero no es verdad. Hay aspectos del ser humano que son inmutables, como su sentido olfativo.
El agua de baño penetra y se fija en la piel pero también perfuma nuestros suéteres, blusas, vestidos, mascadas. Recuerdo cuando mi abuela me prestaba alguna cosa de ella, cuando me extendía un pañuelo o me envolvía un una de sus cobijas, todo tenía su aroma. Incluso después de haber fallecido sus cosas olían a ella. Para calmar la necesidad de verla me enfundaba en su bata, cerraba los ojos y aspiraba profundamente. Resultaba tan consolador como una caricia salida de su mano. Así de potente es un aroma.
Por ello, darse la oportunidad de iniciar el día con un rocío de agua de baño se puede convertir en una aliada para el bienestar, en una huella de personalidad que, aún sin saberlo, puede estar actuando a nuestro favor. Puede hacernos presentes incluso cuando no estamos ahí.

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