Vientos de locura

Soplan vientos de locura en esta tierra. Basta con abrir los ojos para darse cuenta. Echarle un ojo al periódico, a los noticieros, es suficiente para notar que algo anda mal. Lo malo es que esos vientos salen de las hojas del diario, de las pantallas de la tele o de la computadora y nos tocan. Si la locura se aproxima y nos toca, la cosa no esta bien.
Se lee de ediles que piden ayuda, que hacen huelga de hambre para llamar la atención y se topan de frente con la muerte. La gente busca empleo y no lo encuentra. Hay personas que quieren invertir, generar nuevas fuentes de trabajo y no las dejan, el camino de la tramitología es largo y el corruptometro marca niveles exageradamente altos. Los empleos que hoy existen se ven amenazados, no únicamente por reformas fiscales, también por manifestantes que confunden su vocación con la de terroristas y rompen vidrios, asaltan negocios y provocan pérdidas. También se padecen los plantones que alejan a posibles compradores.
La gente va enojada, si bien le va. También va angustiada por las cuentas y facturas que debe de pagar. Se percibe tristeza. La falta de seguridad causa desazón.
Me parece que todo ésto se debe a que estos vientos de locura han provocado que los que sí tienen trabajado no se atrevan a hacerlo. Me gustaría ver a la gente trabajando en favor de los mexicanos y no de rijosos que le niegan educación a nuestros niños. ¿Qué incentivo tiene un maestro para volver a las aulas si le premian por alejarse de ellas? Nadie piensa en los niños y eso es una locura. Mientras los maestros los abandonan a la suerte de la ignorancia, el crimen organizado los recluta. En este estado alterado de conciencia, lo último que importa es hacer lo correcto. Ahí están los resultados.
Los vientos de locura revuelven todo y lo dejan de cabeza, así es más fácil ser un vendedor ambulante que un negocio establecido. Se dan más facilidades al comercio informal que a los que pagan impuestos.
Estar dentro de este torbellino que gira a velocidades vertiginosas no nos permite ver que todo se está desacomodando. Pero lo sabemos. Lo peor que podemos hacer es esconder la cabeza en un hoyo, como avestruces, y pretender que nada está sucediendo. Sabemos que está sucediendo.
Desde luego, si nos enfocamos en el problema a nivel macro, resulta casi imposible que un ciudadano de a pie pueda hacer algo por resolverlo. Pero podemos arreglar lo que nos toca, podemos dar batalla desde nuestro pedazo de tierra. Tenemos la posibilidad de que en nuestro perímetro las cosas sí estén en su lugar y no al revés.
Si un viento de locura vino a desordenar la casa, nosotros podemos empezar a llamar a las cosas por su nombre, dejarnos de engañar con verdades que son en realidad mentiras. Darle lugar a los valores rectores y ponerlos en práctica.
En este viento de locura a mi me da entusiasmo que muchas empresas estén considerando dentro de sus planes de capacitación incluir temas éticos, de introspección y análisis personal. Me gusta ver que los temas técnicos se combinan con la necesidad de desarrollar creatividad, de propiciar una herramienta de análisis personal para que la gente pueda tener el valor para arreglar las cosas desde su trinchera.
Tal vez, así, los vientos de locura se conviertan en vientos de esperanza.

20131108-080505.jpg

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: