El buen fin

El buen fin es la versión mexicana del black friday. Allá, el último fin de semana, generalmente después de la fiesta del Día de Gracias, las tiendas rematan sus mercancías y la gente puede adquirir, a precios sumamente accesibles, artículos de todo tipo: desde cosméticos, trajes de baño, ropa, hasta enseres domésticos, aparatos electrónicos y un etcétera sumamente nutrido.
Esta nueva tradición de consumo ha funcionado muy bien ya que los almacenes y las tiendas se deshacen de inventarios para dar entrada a los de temporada, en vistas al periodo navideño, y los más previsores pueden adelantar la compra de regalos y en una de esas, comprar algo que hace falta en casa.
Tanto ha funcionado esta estrategia comercial que se ha convertido en una estrategia turística. Durante el black friday los hoteles en ciudades como Miami, Nueva York, Los Ángeles y no se diga San Antonio, McAllen, Brownsville se llenan de compradores ansiosos por gastar menos y adquirir más. Quiero hacer notar que muchos de esos turistas ávidos por aprovechar estas ofertas son mexicanos.
Sí. A los mexicanos nos gusta comprar. Para muchos viajar se convierte en una ocasión de compra. Nos resulta muy emocionante salir con las bolsas repletas de mercancía y nos llena de gozo el acto de planchar la tarjeta de crédito. Lo hacemos como si no hubiera mañana, como si no tuvieramos que pagar. Es un gozo que tiene mucho de impulsivo e irracional.
En el momento en que comerciantes y autoridades nacionales se dieron cuenta de que nuestros vecinos estaban haciendo su agosto y que parte de toda esa fiesta se hacia con dinero nacional, decidieron tropicalizar el concepto y de ahí nació “El buen fin.”
Debo decir que la adaptación no es del todo fiel. Por acá las ofertas no son tan espectaculares. Más bien nos doran la píldora y nos dan facilidades para comprar a meses sin intereses con pagos que duran más que el bien adquirido. Pero rodean ” El buen fin” con un bombardeo publicitario para convencernos de que si no lo aprovechamos, estamos en el lado de los tontos. Ahí no nos gusta estar jamás. Mejor comparar que ser idiotas.
Hay que tener cuidado. El buen fin puede ser una excelente oportunidad para caer al barranco de la deuda, para entregarnos a la tentación de comprar lo que no se necesita y se adquiere por esa cosquilla que nos da llevarnos algo porque está barato. ¿Qué? Lo que sea, contar de que esté barato. Ni nos importa la calidad, el uso que le vamos a dar o si tenemos un lugar para la nueva adquisición.
Evidentemente, es la clase media la que se vuelca ese fin de semana a hacer compras. Este segmento de la población que será golpeado, como siempre, por el látigo del fisco. Por ello digo, hay que tener precaución con tanta oferta, barata y promoción. Es preciso hacer un análisis de lo que se requiere y de lo que no para no hacer tonterías, para que no nos gane la locura consumista y terminemos pagando a meses sin intereses una cabeza de yeso en forma de rinoceronte que no cabe en ningún lado y que viéndola bien ni siquiera nos gusta. Es más, viéndola mejor lo que menos nos gusta es la huella que mes a mes deja en el estado de cuenta.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Elvira Sanchez
    Nov 07, 2013 @ 08:11:16

    Amiga, excelente artículo, tiene unos dedazos por si hubiera que corregir. No sé que dicte el protocolo de los escritores.

    Te quiero! Buen día!

    Enviado desde mi iPhone

    Responder

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