Como hace veinte años

–Pareciera que las señales macroeconómicas nos indican que vamos a regresar a como estábamos hace veinte años– dice el experto en economía al terminar su conferencia. Sí, el mismo que estudió en aquella escuela prestigiada y al que todos acuden como en su tiempo se acercaban al Oráculo de Delfos.
El viejo conserje que limpia el auditorio lo escuchó, sacudió la cabeza varias veces mientras el gran maestro peroraba acerca de los aciertos para bajar la inflación, para controlar el tipo de cambio, para impulsar el crecimiento del Producto Interno Bruto y para mantener las reservas en niveles históricos.
También sacudió la cabeza cuando el hombre advertía frente al micrófono de los riesgos de volver a las practicas de hace veinte años, de impulsar el gasto e incrementando el déficit.
Tanto sacudía el hombre la cabeza que me distrajo. Lo veía agarrar con todas sus fuerzas la escoba y al agitar la cabeza el overol color naranja se movía al mismo ritmo, como si estuviera contradiciendo al orador con toro el cuerpo.
Al finalizar la conferencia me acerqué a preguntarle qué le había parecido la opinión del experto. El hombre se sorprendió, elevó los hombros y me dijo con voz cascada:
–¡Ay, señorita! ¿Gustarme? No me gustó nada. De todos los hombres importantes que he visto pasar por este foro, de todos, este es el más mentiroso.
–¿No me diga?– me parecía que si el conferencista lo hubiera escuchado, le haría gracia la opinión de este señor.
–¡Uy, sí! Mire, ojalá que estuviéramos como hace veinte años. Entonces mis hijos salían a las calles, jugaban en los parques y los padres no sentíamos pendiente. El trabajo estaba al alcance de quien lo quisiera, todo era cuestión de buscarlo. Hoy, el trabajo es tan escaso que nadie lo encuentra. En aquellos años no sabíamos lo que eran los Zetas, los Templarios, ni nada de esas cosas. Los viciosos no se metían con nadie y los malditos eran malos sólo,si te metías con ellos. Los militares estaban en sus cuarteles y no en las plazas de los pueblos. Este señor viene y nos advierte que vamos a retroceder veinte años. ¿Sabe qué me dan ganas de decirle?
–¿Qué?
–Que ojalá, que no se haga tonto. Que si hay reservas, es porque hemos expulsado a muchos que desde donde están mandan dinero a sus familias. Que esta economía sigue basada en el petróleo y que en realidad no hemos entendido la lección. ¿Si no, dígame porqué estaría un profesor de economía barriendo un auditorio, cuando hace veinte años tenía una cátedra en la universidad? Ojalá estuviéramos como hace veinte años.
El hombre tomó su escoba y se alejó barriendo. Ni siquiera me dejó decirle que en parte, tenía razón.

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